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domingo, 20 de diciembre de 2015

DE CARTAS, SELLOS Y BUZONES: LA VIDA EN PAPEL Y PALABRAS (SEGUNDA PARTE)

En este viaje por el mundo de las cartas  que nos había llevado a sus orígenes en la cuna de la cultura, Mesopotamia, y a la tierra de los faraones, Egipto, para seguir luego nuestro recorrido por Grecia  y la primera aparición de la carta como elemento dramático dentro de una de las primeras grandes obras de la literatura universal, "La Ilíada" del rapsoda Homero, hacia el siglo XVIII a. C nos condujo finalmente a la Roma imperial y a los restos de un fuerte fronterizo, llamado Vindolanda, donde conocimos algunas muestras de cartas de carácter más personal que nos descubren a personas que vivieron hace dos milenios pero en las que nos podemos reconocer a pesar de la brecha de tiempo que nos separa, épocas distintas pero una misma humanidad. Y aquí retomamos el hilo del relato  porque seguimos en Roma y nos vamos a comienzos del siglo II, cuando el Imperio vive su época de máxima expansión territorial bajo el gobierno del emperador Marco Ulpio Trajano (53-117). En esa época vive el científico , escritor y abogado Plinio el Joven (61-hacia 112), sobrino de uno de los grandes nombres de la cultura romana del siglo I, su tío Plinio el Viejo (23-79), que había fallecido durante la famosa erupción del volcán Vesubio en el año 79,  cuando quedaron sepultadas las ciudades de Pompeya y Herculano. Plinio el Joven y su madre lograron sobrevivir a duras penas a los efectos de la erupción y es gracias al relato que Plinio el Joven nos dejaría en una de sus cartas como conocemos hoy con gran detalle lo que entonces sucedió, y eso que en la carta dirigida al historiador Cornelio Tácito(hacia 55-120) ,en la que incluía su magnífica descripción  de la erupción a petición del historiador que quería más detalles sobre lo que sucedió aquel día,    añadía al final "Por supuesto, estos detalles no tienen importancia para la Historia, y probablemente los leas sin intención de añadirlos a tu relato; si te parecen poco dignos de ser incluidos en ésta epístola, culpa tuya es por pedirlos"  Lejos estaba de pensar que mil novecientos años después nos siguen sobrecogiendo su relato sobre la erupción del Vesubio.


"Vesubio en erupción" del pintor inglés Joseph Wright (1734-1797). En su carta al historiador romano Cornelio Tácito , Plinio nos dejó una vívida descripción de la erupción del Vesubio que se lee como si fuera una novela o la crónica de un reportero de nuestros días. Aquí tenéis un fragmento de ésta carta cuando Plinio el Joven, entonces de 18 años de edad, abandona la villa junto a su madre huyendo de la erupción aquel día de agosto del año 79 (aunque sobre la fecha hay hoy debate entre los historiadores)  :
"En el lado de la tierra , una amenazante nube negra  se rasgaba entre estremecedoras llamaradas y dejaba entrever grandes lenguas de fuego, como relámpagos de enorme tamaño. Poco después , la  nube cayó sobre la tierra y cubrió el mar. Ya había ocultado la isla de Capri y el promontorio de Miseno. Entonces mi madre me imploró, me suplicó  y finalmente me ordenó que escapara como pudiese alegando que un joven como yo podría hacerlo, mientras que ella , vieja y lenta, podría morir en paz sabiendo que no sería ella misma la causa de mi muerte también. Me negué a salvarme sin ella y tomándola de la mano la obligué a avivar el paso. Ya caían las cenizas, aunque no demasiado espesas aún. Miré alrededor: una densa nube negra se cernía sobre nosotros, extendiéndose sobre la tierra como una riada. Yo propuse dejar el camino mientras aún se viera algo o "el gentío que nos sigue nos embestirá y pisoteará" Apenas nos habíamos sentado a descansar cuando cayó la oscuridad, pero no se trataba de una noche encapotada o sin luna, era como si se hubiese apagado una lámpara en una habitación cerrada. Se oían los chillidos de  las mujeres, el llanto de los bebés y los alaridos de los hombres. Muchos rogaron ayuda a los dioses , pero eran mayoría los convencidos de que los dioses ya no estaban y de que el universo se había hundido en la oscuridad eterna para siempre. Puedo jactarme  de que en tal vicisitud no dejé escapar ni un lamento o grito de terror, pues tristemente me consolaba en mi hado mortal por el convencimiento  de que el mundo al completo moriría conmigo , y yo con él"
La carta es mucho más larga , pero a pesar de la certeza que en aquel momento tenía de su muerte, tanto Plinio el Joven como su madre salieron con vida, no así su tío, el célebre científico y escritor Plinio el Viejo, que murió después de salvar a mucha gente con sus barcos
Imagen procedente de https://en.wikipedia.org)

Plinio el Joven fue un gran escritor de cartas que nos ha dejado un valioso testimonio del funcionamiento del aparato administrativo romano, pero de las que ha seleccionado el escritor británico Simon Garfield (1960) en su obra "Postdata" sobre la historia de la correspondencia me quedo con las que él mismo califica como "el primer amor de papel", uno de los primeros ejemplos, tal vez el primero de la historia, de correspondencia amorosa entre Plinio el Joven y su tercera esposa, Calpurnia. Corre el año 102 aproximadamente cuando Plinio el Joven, ausente de su hogar, escribe a Calpurnia que se había encontrado indispuestas, y lo hace con una ternura propia del Romanticismo del siglo XIX.  "Dices  que acusas grandemente mi ausencia y que lo único que te reconforta cuando no estoy es hojear mis escritos, que a menudo colocas junto a ti, en el lugar que suelo ocupar yo . Me gusta pensar que me extrañas y que encuentras alivio consolándote así. Yo también leo siempre tus cartas , y las releo una y otra vez como si fueran nuevas , aunque así solo consigo avivar el ascua de mi añoranza. Siéndome tus cartas tan queridas, imagínate cómo disfruto de tu compañía . Aunque me producirás con ello tanto placer como dolor, te pido que me escribas tanto como puedas. Escríbeme todos los días  e incluso dos veces al día, me encontraré mejor mientras leo tus cartas , aunque cuando lo haya hecho mis miedos volverán al punto"  ¿No  os parecen palabras conmovedoras? La distancia entonces era una auténtica barrera que nos impedía escuchar la voz y contemplar el rostro del ser amado. Las palabras escritas en las cartas eran el único vínculo que mantenían la unión entre dos personas separadas, el consuelo de la ausencia, el remedio de la soledad. Eso convertía a la carta en mucho más que un objeto, era algo vivo que traía en su interior el espíritu, la esencia de otra persona. Hoy, en nuestro mundo intercomunicado por mil medios diferentes, ya resulta difícil comprender lo que entonces significa la ausencia. 


Como - Dom - Fassade - Plinius der Jüngere.jpg
Plinio el Joven en una escultura que se encuentra en la iglesia de Santa María la Mayor de Como en Italia obra de los escultores italianos Tommaso Rodari (1460-1525) y Giacomo Rodari (1463-1527).Señala Simon Garfield  que las cartas de Plinio el Joven a su tercera esposa , Calpurnia, son las únicas cartas de amor que han llegado a nosotros de la época del Impero Romano, ya que al igual que sucedía en Mesopotamia ,en Egipto o en Grecia las cartas que se han conservado son diplomáticas, administrativas, comerciales o referentes a temas legales,salvo una excepción que veremos un poco más abajo. Volviendo sobre Plinio el Joven y su esposa Calpurnia aquí tenéis otro fragmento de la correspondencia amorosa que existió entre ambos   escritas hace casi dos mil años, en la que Plinio expresa lo mucho que echa de menos a su esposa durante sus ausencias  
"La causa principal - escribe Plinio- es mi amor por ti. No nos hemos acostumbrado a estar separados. Me ocurre que me quedo despierto casi toda la noche, pensando en ti. Por el día , cuando llega la hora en que solía visitarte , mis pies me llevan, tal y como te lo cuento, hasta tu cámara, pero , como no te encuentro en ella, regreso con el corazón roto, como un amante rechazado"
Sus palabras suenan tan actuales como si hubieran sido escritas por un amante de hoy  
(Imagen procedente de https://es.wikipedia.org)


Pero ahora tenemos que dejar a Plinio el Joven y a su amada Calpurnia para seguir avanzando. En algún momento del siglo IV y escrito por un tal Demetrio, sin que sepamos más sobre su autor, apareció lo que podría ser considerado el primer manual para redactar cartas. Y se basa en las cartas redactadas por el filósofo Aristóteles (384-322 a. C), de las que no ha llegado ninguna hasta nosotros, y como explica Garfield, éste Demetrio rechaza el consejo que daba el editor de las cartas del filósofo griego en cuanto a que "una carta debe escribirse como un diálogo". Por el contrario , Demetrio considera que "La carta debe ser algo más formal que el diálogo , pues este imita la conversación improvisada , mientras que aquella (la carta) es escrita y enviada como si fuera una especie  de regalo", afirma que "todo el que escribe una carta lo hace como imagen de su propia alma" y cree que aunque eso sucede en cierta medida en cualquier género literario eso se muestra  "en ninguna tan claramente como en el género epistolar", aboga por la brevedad  "las demasiado largas, no son en modo alguno cartas juiciosas,"  y también estima que hay determinados temas que no son apropiados para una carta  como "la lógica y la filosofía natural" y concluye subrayando que el objetivo fundamental de una carta debería ser "expresar amistad brevemente y plantear cuestiones  sencillas en términos sencillos. El que profiere máximas y exhortaciones  sentenciosas parece que en lugar de contar cosas está predicando desde el púlpito" Una consideración que también se podría hacer para la comunicación oral, donde pontificar  suele ser la mejor forma de que quien escucha pierda el interés en lo que estás diciendo. 



Durante el gobierno del primer emperador de Roma, César Augusto (63 a. C - 14 d. C) se organizó el que puede ser considero como primer servicio postal establecido por un estado no sólo para los reyes y la nobleza, sino para todos los ciudadanos. Éste servicio recibía el nombre de cursus publicus  y era prestado por medio de carruajes como el que tenéis en la imagen sobre estas líneas. Había de dos tipos, un carruaje más lento  de dos ruedas llamado birolae que era tirado por bueyes que sería para los mensajes ordinarios y otro más veloz , los redae (como el de la imagen), tirados por caballos. Aunque estos servicios en principio estaban reservados para el uso de la correspondencia gubernamental también se extendió el servicio para los ciudadanos. Como ya veíamos en la primera parte los lugares destinados al descanso y el cambio de caballos de mensajeros y de éstos carruajes eran las postas, nombre que procede del latín "Pausata" que significa "lugar de descanso" de donde procede tanto el término posada como postal , éste último aplicado al servicio de correos. Para el buen funcionamiento dé ste servicio jugaba un papel fundamental la red de calzadas romanas que recorrían todo el Imperio
(Imagen procedente de macedonian.dreamwidth.org)





El Imperio Romano, como todos los imperios que han existido, vivió su época de esplendor para iniciar una lenta decadencia que condujo primero a su separación en dos imperios en 395 tras la muerte del último emperador de un imperio unido, Teodosio I el Grande (347-395) y en 476 se producía la desaparición definitiva de una de sus dos partes, el Imperio Romano de Occidente. Europa se sumía en las brumas de lo que luego se llamarían los años oscuros de la Edad Media, donde las antiguas y cultas provincias romanas  pasan a ser dominadas  por los pueblos que los romanos llamaban bárbaros. Visigodos, francos, ostrogodos, vándalos, alanos, suevos , lombardos se extienden por Europa mientras la antigua cultura clásica se repliega a la mitad superviviente de Roma, el Imperio Bizantino y su capital, Constantinopla. No son buenos tiempos para las cartas, sobre todo para las cartas de amor "Las cartas de amor - escribe Garfield -no son muy abundantes  ni en los primeros tiempos del mundo cristiano, ni tampoco durante la Edad Media Europea, lo que podría achacarse  al hundimiento del alfabetismo y al auge de una Iglesia preocupada  por el adoctrinamiento y la dominación"  Pero en la oscuridad de estos siglos , en lo que a cartas de amor se refiere, sobresale una historia de amor de la que tenemos noticias sobre todo por las cartas que se cruzaron entre los amantes. Se trata de la célebre historia de amor entre el filósofo, poeta  y teólogo  Pedro Abelardo (1079-1142) y Eloísa (1101 - hacia 1164). Ya escribí sobre este episodio de la historia  en el Mentidero y os dejo aquí el enlace
http://chrismielost.blogspot.com.es/2011/10/pedro-abelardo-y-eloisa-una-triste.html

Estatua ecuestre del emperador Marco Aurelio (121-180) que hoy se conserva en los Museos Capitolinos de Roma. Garfiled cuenta como en 1815 el cardenal Angelo Mai(1782-1854) halló la correspondencia que un joven Marco Aurelio, apodado el Sabio o el Filósofo por su amor por el conocimiento y la filosofía, mantuvo con el senador,  orador  y profesor  Marco Cornelio Frontón (hacia 95-167), maestro y amigo personal de Marco Aurelio. Al referirme antes a las cartas entre Plinio el Joven y su esposa Calpurnia como las únicas epístolas de amor que se conservan de la época del Imperio Romano, mencioné que podría haber una excepción y sería esta, aunque sigue siendo objeto de polémica. El lenguaje que empelaba Marco Aurelio con su maestro y amigo es tan efusivo que hace pensar que entre ambos hombres podría existir algo más que un sentimiento de amistad, aunque como señala Garfield  podría ser una forma de ejercicio de retórica erótica. En cualquier caso sus cartas son otra excepción  a las cartas habituales que han llegado hasta nuestros días del Imperio Romano. Garfield incluye esta epístola donde el emperador Marco Aurelio expresa su dolor y angustia por una dolencia de maestro y amigo  Frontón
"¿Cómo puedo estudiar cuando tú estás dolorido, sobre todo cuando estás dolorido por mí? Debería golpearme a mi mismo y someterme a todo tipo de experiencias desagradables. Después de todo, ¿quién tiene la culpa de que te duela la rodilla , que , según dices , te molesta más desde anoche?¿Qué se supone que debo hacer, si no puedo verte  y vivo atormentado por ello?"
(Imagen procedente de www.caballomania.com)   



Recordemos de todas formas  un poco de su historia que nos   es conocida gracias a una obra autobiográfica de Pedro Abelardo  titulada"Historia de mis calamidades", donde relata las vicisitudes de su vida como si se las estuviera contando a un amigo, pues el mismo define su obra como una "carta de consolación a un amigo ausente sobre la experiencia de mis propias calamidades".Había nacido en 1079 en la Bretaña francesa, hijo de un hombre acomodado llamado Berenguer que le daría una buena educación. Pudo escoger la carrera militar, peroprefería dedicarse al estudio y a viajar , lo que hizo, y ya en 1099 viaja a París para estudiar en su escuela episcopal , la más famosa de la época . Sus estudios se prolongarían durante casi una década, hasta 1108, cuando obtiene el título de  Magíster .En el año 1114 lo encontramos en París donde se convierte en el profesor más famoso de la escuela catedralicia de Notre Dame.   Pedro Abelardo tiene entones 35 años, se encuentra en el punto culminante de su carrera, es famoso, reconocido y admirado tanto por su talento e inteligencia como también por su atractivo físico. Entra entonces en su vida una joven llamada Eloísa, sobrina de un canónigo de París llamado Fulberto y que, consciente de la viva inteligencia de la joven , había encargado a Pedro Abelardo que la enseñara filosofía o tal vez no fuera así, tal vez Pedro Abelardo se enamoró de la todavía adolescente Eloísa, que no debía tener más de 13 años, e insistió a Fulberto para que le permitiese dar clases a la joven. y el amor entre los dos nace con una fuerza incontenible y, como no podía ser de otra forma, el estudio pasa a un segundo plano. Durante años logran mantener el secreto, pero al final estalla el escándalo y se desvela su relación secreta cuando en 1119 Eloísa queda embarazada y tiene un hijo de Pedro Abelardo, al que ponen de nombre Astrolabio. Pedro Abelardo, para limpiar el honor manchado de la joven, toma la decisión de casarse, aunque ella se niega en un principio porque, llevada de una sumisión total a su amado, no quiere que él sacrifique su carrera intelectual para cuidar de una familia.Pedro Abelardo la rapta de su hogar y la lleva a casa de su hermana en la Bretaña francesa para huir del acoso en París, y al final consigue vencer la resistencia de la joven y contraen matrimonio en secreto.


"Abelardo y su alumna Eloísa"  realizado en 1882 por el pintor británico Edmund Blair Leighton (1853-1922) que retrata a los amantes según la visión idealizada del Romanticismo. La historia de amor de Pedro Abelardo y Eloísa es la más celebre de la Edad Media, en gran parte como su relato nos ha llegado a través de sus cartas, donde  encontramos a una Eloísa que arde de amor y a un Pedro Abelardo más frío en sus respuestas, hasta el punto que  Eloísa se lo reprocha con dureza en una de sus cartas 
"¿Por qué , después de mi entrada en religión, que tu decidiste por mí, he caído en tanto desprecio y olvido por tu parte, que ni siquiera te dignas dirigirme una palabra de aliento cuando estás presente, ni una carta de consuelo en tu ausencia? Te unió a mí la concupiscencia más que la amistad, el fuego de la pasión más que el amor. Cuando terminó lo que deseabas , se esfumaron también todas sus manifestaciones .Ojalá pudiera fingir ocasiones que me permitieran excusarte , al tiempo que, de algún modo , encubrieran tu vileza" 
(Imagen procedente de https://es.wikipedia.org )



Pero el tío de Eloísa, el canónigo Fulberto, entra en cólera y no está dispuesto a perdonar la ofensa y el engaño del que ha sido víctima por Pedro Abelardo. Primero descubre  a todo París el matrimonio secreto de Pedro Abelardo y su sobrina, a lo que este, arrepentido , responde enviando a Eloísa al convento de Argentuil y al hijo de ambos, Astrolabio, con la hermana de Eloísa . Unos hombres enviados por Fulberto entran una noche en casa de Pedro Abelardo y el  mismo nos cuenta lo que le hicieron" me amputaron, con gran horror del mundo, aquellas partes de mi cuerpo.Con las que había cometido el mal que lamentaba. Se dieron después a la fuga ." Pedro Abelardo había sido castrado, y quizás para huir de la vergüenza decide ingresar en un convento, donde ya estaba Eloísa, mientras que Fulberto, el canónigo, fue hallado culpable de instigar esta acción y por ello fue exiliado de París y le incautaron todos sus bienes.  Durante el resto de sus vidas, hasta la muerte de Pedro Abelardo en 1142, ambos mantendrán una constante comunicación epistolar, uno de los pocos ejemplos de cartas amorosas que nos han llegado de la Edad Media, cartas que, en el caso de Eloísa, muestran la devoción que sintió siempre por Pedro Abelardo aunque este fuera el que la había enviado al convento de por vida, un amor no solo espiritual sino también muy carnal como nos desvela esta apasionada carta escrita por Eloísa "Hasta durante la celebración de la misa , cuando nuestras oraciones deben  ser especialmente puras, se adueñan de mi alma infeliz libidinosas visiones  de los placeres que compartimos y mis pensamientos se detienen en la lascivia en lugar de en la oración. Todo lo que hicimos, y los lugares y momentos  en que lo hicimos han quedado grabados en mi corazón junto con tu imagen , de modo que revivo  todo ello junto a ti. Ni siquiera cuando duermo hallo descanso. A veces me traiciona el cuerpo , que moviéndose expresa mis pensamientos, los cuales  en otras ocasiones brotan en una palabra dicha sin pensar"


Archivo:AbelardHeloiseTomb.jpg
Tumba de Eloisa y Pedro Abelardo en el cementerio de Père Lachaise, donde fueron trasladados en 1817 y donde aún hoy podemos visitarlos. Fue tal el amor que Eloísa sintió por Pedro Abelardo que llegó a ponerlo por delante del amor a Dios, algo inaudito en la Edad Media , donde esas palabras podían ser consideradas una forma de herejía
"Dios sabe - escribía en una de sus cartas Eloísa - que en todas las ocasiones de mi vida temí ofenderte a tí más que a Él y que quise agradarte a tí más que a Él. Fue tu amor, no el de Dios, el que me mandó tomar el hábito religioso. Fijate, entonces, en la vida miserable que llevo, teniendo que aguantar en esta vida tantas cosas y sin esperar  premio alguno en la otra"
Mucho más frías eran las palabra de Pedro Abelardo   , que con un tono casi glacial escribe a Eloísa que no pensaba que necesitara de sus palabras de consuelo porque :
"No creí que necesitara de tales palabras quien tan pródigamente ha sido dotada de lo necesario por la divina gracia. Por eso, el hecho de atender ahora a tus hijas (se refiere a las monjas del convento donde Eloísa era la madre superiora) , fue suficiente para hacerme creer que toda enseñanza o exhortación por mi parte era totalmente superflua . Si, por otra parte, en tu humildad no piensas así y crees que necesitas de mi instrucción y magisterio en materias relativas a Dios, puedes escribirme lo que quieras"
Difícil que estas palabras calmaran a una mujer que escribía en otra carta
"El nombre de esposa parece ser más santo y más vinculante , pero para mi la palabra más dulce era la de amiga y, si no te molesta, la de concubina o meretriz"(Imagen procedente de https://es.wikipedia.org )


     


Después de leer estas líneas no es de extrañar que la correspondencia entre Pedro Abelardo y Eloísa  haya eclipsado a casi cualquier otra comunicación epistolar de estos siglos , donde la mayor parte de la correspondencia son de contenido religioso  ya que el clero representaba a la minoría ilustrada que sabía leer y escribir, mientras que la mayor parte de la población de la Europa de aquel tiempo era analfabeta  por lo que dificilmente iba a escribir cartas . Garfield cita a autores como el arzobispo de Constantinopla, Gregorio Nacianceno (329-389) o san Basilio de Cesárea (330-379) entre otros  religiosos autores de numerosas cartas de contenido teológico que tienen algo en común en opinión de Simon Garfield "Es preferible la muerte a la tortura indescriptible de leer sus cartas". Poco más de medio siglo después de la muerte de Eloísa , aparecía en el año 1215  el "Boncompagnus" del gramático y escritor italiano Boncompagno da Signa (hacia 1170-1250), un nuevo manual de redacción de cartas que seguía el modelo de aquel que vimos de Demetrio del siglo IV.  Boncompagno daba una gran importancia a las cartas pues creía "que la carta bien escrita - explica Simon Garfield - contribuiría a la enmienda de los males que aquejaban a la sociedad, siendo sus objetivos más importantes la injusticia y la envidia" Entre el siglo XI y XIII se suceden  los manuales para la redacción de cartas  donde se detalla las formas correctas  de saludar o de ganarse la buena voluntad del destinatario. Pero habrá que  esperar al siglo XIV y a la aparición de un gigante de las letras como el poeta y humanista italiano Francesco Petrarca (1304-1374) , uno de los precursores de la transición de la Edad Media hacia esa nueva era de la cultura en Europa que fue el Renacimiento, cuando la carta comienza a recuperar el lugar que había perdido . El escritor natural de Arezzo nos dejaría  dos grandes colecciones de cartas agrupadas en dos libros "Epistolae familiares" que contiene las cartas que escribió durante sus muchos viajes, y "Epistolae seniles" escritas en sus años de vejez y que Garfield define como "las primeras cartas modernas escritas  por el primer intelectual moderno, en el amanecer de la civilización europea moderna" En una de esas cartas Petrarca nos  ofrece consejos sobre como debemos escribirlas " Lo primero que hay que decidir es a quién destinar la carta , luego juzgaremos que decir y cómo decirlo. Nos dirigimos al hombre fuerte de uno modo y al débil de otro. Igualmente ocurre  con el joven inexperto y el anciano que ya ha cumplido con los deberes de la vida , con el henchido de prosperidad y el golpeado por las vicisitudes, el erudito distinguido en las letras y el hombre incapaz de entender nada más allá del lugar común. Cada uno de ellos debe ser tratado según su carácter y posición".  En los siglos siguientes serán muy frecuentes las obras que aconsejen  y ofrezcan modelos de cartas para ayudar a su redacción.



"Dama leyendo las cartas de Eloísa y Abelardo"  obra realizada hacia 1780 por el pintor francés Auguste Bernard d´Agesci(1753-1796) que muestra la emoción que en el siglo XVIII seguían causando las cartas de los dos amantes medievales a modo de un serial melodramático de nuestros días. Pero su primer gran admirador  fue el poeta italiano del siglo XIV, Francesco Petrarca (1304-1374) que se convertiría en el hombre que recuperó el arte de escribir cartas  y las devuelve su valor como género literario
(Imagen procedente de http://milenio13.tumblr.com/)



Petrarca escribía cartas continuamente, pero no todas ellas llegaban a su destino. No había más sistema de correos que los mensajeros  y estos estaban sujetos a muchas vicisitudes en su camino  como ser detenidos por algún grupo de soldados por cualquier razón o ser asaltados por los muchos bandidos que se hallaban emboscados a lo largo del camino. Así le sucedió con varias cartas que envió a su amigo, el poeta y escritor italiano Giovanni Boccacio (1313-1375) , otro de los padres de la lengua italiana junto al propio Petrarca y Dante Alighieri (1265-1321), y resignado a la pérdida de sus cartas escribe de nuevo a Boccaccio mostrando la impotencia ante algo que no tiene solución  "Ahora sé que ninguna de las dos extensas cartas que escribí ha llegado. Pero ¿qué podemos hacer?  Seguir enviándolas. Podemos indignarnos, cada vez más, pero no podemos vengarnos. Ha aparecido en el norte de Italia un deleznable grupo de personajes que supuestamente guardan los caminos (se refiere a tropas del estado) pero son en realidad el azote de los mensajeros. No se limitan a ojear las cartas que abren, sino que las leen con la mayor curiosidad" y concluye indignado "No hay nada que hacer contra estos ladrones de cartas , pues todo  es un desbarajuste y la libertad del estado ha sido destruida por completo"  Como veis esa sensación de que nuestra época es peor que las pasadas suele ser uno de los pensamientos más comunes entre las diferentes  generaciones por muchos años que las separen. En todo caso, la mejora de la educación y de una mayor tasa de alfabetismo favorecería la difusión del correo y , con él, el intercambio de ideas que favorecería  e despertar de la cultura que se produciría en el siglo XV  


La carta que tenéis sobre estas líneas pertenece a una gran colección de cartas conocidas como las "Paston Letters" o "Cartas de Paston" que recoge la correspondencia que mantuvieron diferentes miembros y generaciones de la familia Paston del condado inglés de Norfolk  y que abarcan un período de tiempo que se extiende desde 1422 hasta 1509, una época de gran incertidumbre en la que tuvo lugar la guerra civil inglesa conocida como Guerra de las Dos Rosas, en las que las familias Lancaster y York se disputaban el trono de Inglaterra, conflicto que se desarrolló entre 1455 y 1488. Pero esta en particular, la que podéis ver aquí, se distingue de las demás porque es la carta que Margaret Brewes escribió a uno de los miembros de la familia Paston, su prometido John Paston III (1444-1504), considerada una de las primeras felicitaciones de San Valentín de la historia . Fue escrita en febrero de 1477 . No puedo traducirla porque mi precario inglés no me permite traducir con propiedad un texto del siglo XV , pero en su encabezamiento podemos leer 
" A mi bien amado San Valentin, John Paston, mi señor, le sea entregado este mensaje" y  más adelante se expresa con las más tiernas palabras, propias de una enamorada que escribe a su amado
"Si deseas escuchar sobre mi bienestar, no gozo de buena salud ni de cuerpo ni de corazón, hasta que tenga noticias de ti"
Seguía sin existir un servicio postal oficial y si siempre la llegada de correo era una aventura , en tiempos de guerra como los que se vivieron en Inglaterra en la segunda mitad del siglo XV todavía lo era más y con ello aumentaba la incertidumbre . Todo dependía de esos mensajes que se confiaban a un familiar, a un amigo o a un mensajero para que lo entregase a su destinatario  
 (Imagen procedente de readingmedievalbooks.wordpress.com)


Será en este siglo cuando el orfebre alemán Johannes Gutenberg (hacia 1398-1468) invente la imprenta de tipos móviles  hacia el año 1440 lo que iba a causar una auténtica revolución  en la difusión del conocimiento, fue la Internet de su tiempo,haciendo que la cultura , que hasta entonces estaba sólo al alcance de unos pocos  privilegiados, fuera   accesible a un número cada vez mayor de personas, en cierto sentido era una forma de democratización de la cultura.  Eso también influirá en las cartas. Ya en el siglo XVI por primera vez se escriben cartas con la intención  de ser recopiladas e impresas en libros , como sucedía con las cartas de uno de los grandes nombres del humanismo renacentista, Erasmo de Rotterdam (1466-1536). Las cartas se convierten por sís mismas en un género literario de gran éxito, al mismo tiempo que se multiplican los manuales de redacción de cartas que mostraban modelos de cartas casi para cualquier situación. Sin embargo, había escritores que rechazaban estos manuales que restaban a la escritura de las cartas cualquier atisbo de espontaneidad, entre ellos el fundador de un nuevo género literario, el ensayo. Se trata del político y escritor francés Michel de Montaigne (1533-1592) autor de "Ensayos". Como nos cuenta Garfield   Montaigne consideraba que "cuanto menos reflexionaba sobre lo que iba a escribir , mejor le salía la carta" y el propio Montaigne escribe "He acostumbrado a las grandes personas que me conocen a soportar mis tachones y rayaduras y a leer mis cartas en papel sin márgenes ni pliegues. Las que más me cuesta escribir son las peores ; si se me hacen una carga es signo de que he dejado de ponerles cuidado. Escribo de buen grado sin premeditación: la primera frase siempre da pie a la segunda"


Retrato del humanista Erasmo de Rotterdam , uno de los hombres más influyentes del pensamiento del siglo XVI,  realizado por el pintor flamenco Quentin Massys (hacia 1466-1530). Fue también uno de los más prolíficos autores de cartas de su tiempo, que iban dirigidas tanto alas grandes personalidades del siglo XVI , en particular con el reformista religioso Martin Lutero (1483-1546), como otras íntimas dirigidas a su familia y amigos . Fue también autor de un manual donde aconsejaba como escribir cartas y así  advertía que una carta 
"Debe ajustarse todo lo posible a su argumento, lugar , fecha y destinatario; cuando trata sobre asuntos graves ha de ser sería , cuando trata sobre asuntos comunes, transparente, y cuando trata sobre asuntos banales , elegante e ingeniosa; es ardiente e inspirada en la exhortación, reconfortante y amistosa en el consuelo"
Para Erasmo, si escribías bien una carta es que entonces estabas en el mundo, eras un hombre de tu tiempo 
(Imagen procedente de https://es.wikipedia.org)

 Pero en lo que se refiere a la entrega del correo poco había cambiado desde los lejanos tiempos de las postas que entregaban las cartas a los legionarios del fuerte romano . Será el rey de Inglaterra Enrique VIII (1491-1547) quien crea en el año 1516 el Royal Mail o Correo Real  cuya misión era garantizar el transporte seguro de la correspondencia, en particular aquella que iba destinada a la corte, pero el procedimiento utilizado continuaba siendo el de las postas , como lo cuenta Brian Tuke (fecha desconocida-1545) , primer jefe de correos de Inglaterra, el que también era Tesorero Real y secretario del cardenal y favorito del monarca  Thomas  Wosley (1471-1530). En una carta  escrita en 1533  Tuke describe  la misión que le había encomendado el monarca "El deseo del Rey es que las casas de postas  estén bien equipadas y que a la mayor brevedad se creen  más en todos los lugares  del reino, y que se ordene a todas las villas del reino que hagan los esfuerzos  necesarios para que estén preparadas  y no falten los caballos en ellas nunca, a fin de que no se pierda ningún tiempo a ese respecto" Pero  Enrique VIII también tenía un gran interés en éste servicio para controlar el contenido de las cartas  en un tiempo muy inestable. El control de las comunicaciones siempre ha sido una de las obsesiones del poder , Por ello, los empleados de Tuke, según nos cuenta Garfield " tenían la autorización real para abrir, leer y modificar el destinatario de cualquier carta  o paquete que entrase  o saliese de la corte" Situaciones similares se vivían  en el resto de cortes europeas  donde el correo seguía dependiendo de estos servicios de postas sin introducir grandes innovaciones en él. 


Hans Holbein d. J. 074.jpg
Retrato  realizado por el pintor alemán Hans Holbein el Joven (hacia 1497-1543)  del rey de Inglaterra Enrique VIII (1491-1547) autor de algunas de las mejores cartas de amor del siglo XVI dirigidas a la que se convertiría en su segunda esposa, Ana Bolena (hacia 1501-1536). Simon Garfield describe en "Postdata" como seguía funcionando el correo en el siglo XVI, apenas sin diferencias con el servicio de correos en la época de los legionarios romanos de Vindolanda que conocimos en la primera parte. Así describe Garfield el viaje de una carta en el siglo XVI
"La carta era transportada a caballo por una serie de jinetes que se relevaban. Si la carta llevaba escritas las palabras "For the Mats Affayres "Para asuntos de su majestad) que hacía  gratuito su transporte, en una versión temprana de lo que sería el correo real. Los jinetes que cargaban con las cartas se disponían en lugares determinados , ya fuera una fonda o el poste indicador de un cruce de caminos, sistema similar al que funcionaba durante el Imperio Romano. Estos hitos o postas  solían fijarse en villas o pueblos separados unos quince o veinte kilómetros  y pueden considerarse antecesores de los actuales  buzones de correos. A lo largo de la ruta fijada  se realizaban varias entregas  y recogidas de cartas que bien se depositaban en su destino o bien se entregaban en mano al siguiente jinete"
Y así la carta iba pasando de mano en mano y si había suerte y la persona a la que iba destinada se encontraba en el lugar donde se había enviado la carta llegaría a su destino, en caso contrario muy posiblemente terminaría dando vueltas hasta acabar perdida y no llegar nunca a manos de su destinatario
(Imagen procedente de https://es.wikipedia.org)   
 


 A lo largo del siglo XV y del siglo XVI aparecería en los territorios dominados por la familia Habsburgo, desde el Sacro Imperio Románico Germánico a España y los territorios controlados por ella en Europa , un sistema de correos que será monopolio de una familia. Tenemos que viajar hasta Italia de donde era originaria la familia de los Della Torre y Tasso procedentes de la localidad de Camerata Cornello en la Lombardía italiana. Tiempo después esta familia de la nobleza italiana pasaría a estar al servicio de los emperadores del Sacro Imperio germanizando su nombre y pasando a llamarse familia Thurm (Torre) y Taxis. El emperador Federico III de Habsburgo (1415-1493) encargaría a uno de los miembros de ésta familia, Roger de Thurm y Taxis, la organización de un servicio de correos entre los estados italianos y el Tirol, un servicio de postas del que a partir de ese momento ejercería el monopolio los Thurn y Taxis , que luego se extendería por  Europa Central y España y que en el caso de Alemania ese monopolio lo mantendría hasta la segunda mitad del siglo XIX. En cuando a España , tras la muerte de la reina de Castilla Isabel la Católica (1451-1504),  Felipe el Hermoso(1478-1506) el esposo de Juana i Castilla (1479-1555), hija y sucesora de Isabel , nombraría a otro Taxis,  Francisco de Taxis (1459-1517), como Correo Mayor. Francisco no sólo se encargo del sistema de correos en España sino de buena parte de Europa, creando nuevas rutas de postas como las que comunicaban Bruselas con París, con Nápoles o con Roma. En su época de máximo esplendor en el siglo XVIII los Thurn y Taxis llegarían a tener 20.000 empleados. Pero habrá que esperar al siglo XVII  cuando en Inglaterra se promulga en el año 1657  la Ley para la Creación del Correo  de Inglaterra, Escocia e Irlanda y  se funda  la Oficina Postal General  dedicada a garantizar  el transporte del correo tanto a nivel nacional como internacional. En 1680 se establece por primera vez una tarifa  postal de un penuqie (lo llamaban Penny post) para el envío del correo que ayudó a mejorar el servicio, que está cada vez más organizado.  Recoge Garfield las palabras del escritor Daniel Defoe (1659-1731)  que a comienzos del siglo XVIIi manifestaba su contento con el buen funcionamiento del correo "Las cartas  se envían a los rincones más apartados  de la ciudad con tanta celeridad como as podría llevar un mensajero , y eso cuatro, cinco , seis u ocho veces al día. No hay nada parecido en París, Amsterdam, Hamburgo , ni en ninguna otra ciudad"  Pero seguía sin cambiar la esencia del correo, basado en el sistema de postas. Habría que esperar al siglo XIX para la gran revolución, pero eso lo veremos en la tercera y última parte de esta historia sobre las cartas, los sellos y los buzones. 

Enlace con la primera parte de "De cartas, sellos y buzones: la vida en papel y palabras"
http://chrismielost.blogspot.com.es/2015/12/de-cartas-sellos-y-buzones-la-vida-en.html

Enlace con la tercera parte de "De cartas, sellos y buzones: la vida en papel y palabras"
http://chrismielost.blogspot.com.es/2015/12/de-cartas-sellos-y-buzones-la-vida-en_23.html



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sábado, 15 de octubre de 2011

PEDRO ABELARDO Y ELOISA, UNA TRISTE HISTORIA DE AMOR MEDIEVAL

Suelo repetir en el Mentidero que no debemos juzgar la historia desde nuestro punto de vista actual, pues ni nuestros valores, ni nuestros códigos éticos , ni el contexto social y cultural en el que se desarrollaron esos acontecimientos guarda relación con nuestro mundo del que nos separan siglos de distancia. Pero hay algo que no cambia en la historia del hombre porque es inherente al ser humano, los sentimientos. El odio, la envidia, el rencor, la bondad, la generosidad, los celos , la amistad y , por supuesto, el amor, forman parte de la naturaleza del hombre y , con independencia del momento, siempre están ahí, latentes, esperando el momento para expresarse. El escritor alemán Hermann Hesse decía sobre ellos que "No digas de ningún sentimiento que es pequeño o indigno. No vivimos de otra cosa que de nuestros pobres, hermosos y magníficos sentimientos, y cada uno de ellos contra el que cometemos una injusticia es una estrella que apagamos" Pero esos hermosos, magníficos sentimientos que nos dice Hesse no siempre son tan hermosos y en otras ocasiones, cuando lo son, no son correspondidos con la misma intensidad y se convierten en fuente de sufrimiento.

Tenemos la idea de una Edad Media donde no había lugar para el amor, en la que los matrimonios eran concertados entre las familias para lograr ventajas económicas, políticas o alianzas entre diferentes grupos, pero olvidamos que igual que ahora , entonces existía el amor, tanto los más humildes campesinos como los miembros de la nobleza poseían un corazón y se enamoraban como hacemos hoy.  Y buen ejemplo de ello es la historia que vamos a conocer hoy, quizás la historia de amor más conocida de la Edad Media , entre uno de los grandes intelectuales del siglo XII, el filósofo Pedro Abelardo(1079-1144) y una mujer extraordinaria, que por méritos propios podría protagonizar uno de los artículos dedicados a mujeres que han destacado a lo largo de la historia, la dama francesa y futura abadesa Eloísa (1101-1164).

La historia de Pedro Abelardo nos es conocida gracias a una obra autobiográfica titulada "Historia de mis calamidades", donde relata las vicisitudes de su vida como si se las estuviera contando a un amigo, pues el mismo define su obra como una "carta de consolación a un amigo ausente sobre la experiencia de mis propias calamidades". Había nacido en 1079 en la Bretaña francesa, hijo de un hombre acomodado llamado Berenguer que le daría una buena educación. Pudo escoger la carrera militar, pero prefería dedicarse al estudio y a viajar , lo que hizo, y ya en 1099 viaja a París para estudiar en su escuela episcopal , la más famosa de la época . Allí estudia las llamadas siete artes liberales, las siete artes en que estaba dividida la enseñanza medieval y que formaban el llamado trivium , que incluía la enseñanza de retórica, gramática y dialéctica, y el quadrivium , integrado por el estudio de la aritmética, geometría, astronomía y música. Sus estudios se prolongarían durante casi una década, hasta 1108, cuando obtiene el título de  Magíster

Una imagen medieval de las siete artes liberales con la filosofía en su centro. Estas siete artes , divididas en el trivium(retórica, gramática y dialéctica) y el quadrivium(aritmética, geometría, astronomía y música) hacen referencia a su cultivo por "hombres libres" en oposición a las "artes serviles" y eran los estudios que tenían como propósito ofrecer conocimientos generales y destrezas intelectuales, antes que destrezas profesionales u ocupacionales especializadas llamadas Artes Manuales o Artes Menores. Una especie de distinción entre los estudios universitarios y la formación profesional de nuestros días (imagen procedente de http://obelogue.blogspot.com ) 

En los años siguientes enseña en diferentes ciudades y pone en entredicho las enseñanzas de los que habían sido sus profesores, como Guillermo de Champeaux (1070-1121) y el profesor de teología Anselmo de Laon (1050-1117). Pedro Abelardo era un hombre arrogante que se ganaba muchos enemigos con sus burlas  aunque él consideraba que eran los celos y la envidia lo que le hacían estar rodeado de enemigos. En el año 1114 lo encontramos en París donde se convierte en el profesor más famoso de la escuela catedralicia de Notre Dame.   Pedro Abelardo tiene entones 35 años, se encuentra en el punto culminante de su carrera, es famoso, reconocido y admirado tanto por su talento e inteligencia como también por su atractivo físico. Por aquella época, como él mismo escribe en su "Historia de mis calamidades ", Pedro Abelardo no había tenido ninguna experiencia amorosa a pesar de su edad "Siempre me mantuve alejado de la inmundicia de las prostitutas. Evité igualmente el trato de las mujeres nobles en aras de mi entrega al estudio"

No se si el novelista francés Remy de Gourmont tenía razón cuando escribía que "De todas las aberraciones sexuales, la más singular tal vez sea la castidad." pero esa castidad estaba a punto de ser rota por obra de una joven llamada Eloísa, sobrina de un canónigo de París llamado Fulberto y que, consciente de la viva inteligencia de la joven , había encargado a Pedro Abelardo que la enseñara filosofía o tal vez no fuera así, tal vez Pedro Abelardo se enamoró de la todavía adolescente Eloísa, que no debía tener más de 13 años, e insistió a Fulberto para que le permitiese dar clases a la joven. Imagino que ya estaréis juzgando a Pedro Abelardo por tratarse de un hombre de 35 años y Eloísa una , para nosotros, niña que está entrando en la adolescencia, pero una vez más tenemos que evitar juzgar desde nuestro punto de vista actual. En la Edad Media no era extraño que una muchacha se casara a los 13 o 14 años y tuviera hijos al poco tiempo, la esperanza de vida entonces nada tenia que ver con la nuestra y la infancia terminaba muy pronto, no había tiempo para ella.

Fuera como fuese, Pedro Abelardo estaba enamorado de aquella joven a la que sacaba más de veinte años . Así nos lo cuenta  "Esta jovencita que, por su cara y belleza no era la última, superaba a todas por la amplitud de sus conocimientos. Este don, el conocimiento de las letras, tan raro en las mujeres, distinguía tanto a la niña que la había hecho celebérrima en todo el reino. Ponderando todos los detalles que suelen atraer a los amantes, pensé que podía hacerla mía enamorándola. Y me convencí de que podía hacerlo fácilmente" Por supuesto, Pedro Abelardo era una estrella del panorama intelectual de su tiempo, el equivalente a una estrella de fútbol o del cine de nuestros días, ¿cómo podía pensar que no iba a enamorar a una adolescente que apenas conocía nada de la vida y que sentiría una completa admiración por aquel hombre? Así lo reconoce Pedro Abelardo "Era tal entonces mi renombre y tanto descollaba por mi juventud y belleza que no temía el rechazo de ninguna mujer a la que ofreciera mi amor. Creí que esta jovencita accedería tanto más facilmente a mis requerimientos cuanto mayor era mi seguridad de su amor y conocimiento por las letras"

Archivo:Abelard and Heloise.jpeg
Imagen medieval de Pedro Abelardo y Eloísa. Su relación es la historia de amor más conocida de la Edad Media, un amor más intenso en Eloísa que en Pedro Abelardo. En una frase atribuida a Sócrates, el filósofo griego dice "preferiría morir mil veces antes que abandonar a la persona amada" Eloísa experimentara ese amor que no será correspondido con la misma fuerza por Abelardo . El poeta Alphone de Lamartine describirá a Eloísa con estas palabras "una joven de elevada estatura, cabeza oval ligeramente deprimida por la tensión del pensamiento hacia las sienes; una frente elevada y llana en donde la inteligencia se movía sin obstáculo, como un rayo cuya luz no quiebra ninguna esquina sobre un mármol; unos ojos grandes cuyo globo debía reflejar el color del cielo, una nariz pequeña y un poco elevada hacia la punta, tal como la modelaba la escultura, siguiendo á la naturaleza de las estatuas de las mujeres inmortalizadas por la celebridades del corazón; una boca en la que respiraban libremente, entre hermosísimos dientes, las sonrisas del talento y la ternura del alma.”

Porque Pedro Abelardo se había fijado en ella no sólo por su belleza sino por la gran inteligencia de Eloísa y decide iniciar una conversación epistolar con la joven "Me convencí además de que, aun estando ausentes, podíamos estar presentes por medio de cartas mensajeras. Sabía, también, que podía escribir con más libertad que decir las cosas de viva voz y de este modo estar siempre en un diálogo dulcísimo" Consigue convencer a Fulberto para que le encargue la educación de Eloísa y el amor entre los dos nace con una fuerza incontenible y, como no podía ser de otra forma, el estudio pasa a un segundo plano"Con pretexto de la ciencia nos entregamos totalmente al amor. Y el estudio de la lección nos ofrecía los encuentros secretos que el amor deseaba. Abríamos los libros , pero pasaban ante nosotros más fácilmente  a sus pechos que a los libros. Con mucha más frecuencia el amor dirigía nuestras miradas hacia nosotros mismos que la lectura la fijaba en las páginas. Si algo nuevo podía inventarse en el amor, lo añadíamos"

Durante años logran mantener el secreto, pero al final estalla el escándalo y se desvela su relación secreta cuando en 1119 Eloísa queda embarazada y tiene un hijo de Pedro Abelardo. Este, para limpiar el honor manchado de la joven, toma la decisión de casarse, aunque ella se niega en un principio porque, llevada de una sumisión total a su amado, no quiere que él sacrifique su carrera intelectual para cuidar de una familia. Pedro Abelardo la rapta de su hogar y la lleva a casa de su hermana en la Bretaña francesa para huir del acoso en París, y al final consigue vencer la resistencia de la joven y contraen matrimonio en secreto. Eloísa , después del matrimonio, aun ama con mayor pasión a Pedro Abelardo , hasta el extremo de que, como nos dice el escrito español José Antonio Marina en sus " Palabras de amor", de donde procede el texto de las cartas de este artículo,  afirma en una de sus cartas que quiere ser la "puta" de Pedro Abelardo.

"Abelardo y su alumna Eloísa", obra de 1882 del pintor Edmund Blair Leighton(1853-1922). El amor entre Abelardo y Eloísa fue convertido en mito en el siglo XIX por el Romanticismo . Cuando la relación entre ambos había cambiado dramaticamente Eloísa se sentirá abandonada y tratada injustamente por Abelardo al que acusará de buscar en ella el placer y una vez obtenido dejarla. Así le escribirá ""¿Por qué , después de mi entrada en religión , que tú decidiste por mí, he caído en tanto desprecio y olvido por tu parte, que ni siquiera te dignas dirigirme una palabra de aliento cuando estás presente , ni una carta de consuelo en tu ausencia?"

Así cuenta este episodio Pedro Abelardo "No mucho después la jovencita entendió que estaba encinta. Y con gran gozo me escribió comunicándome la noticia y pidiéndome al mismo tiempo consejo sobre lo que yo había pensado hacer. Así pues, cierta noche en que su tío estaba ausente , puestos previamente de acuerdo, la saqué furtivamente de la casa del tío y la traje sin dilación a mi patria. Aquí vivió en casa de mi hermana, hasta que dio a luz a un varón a quien llamó Astrolabio" Era de esperar que los niños de entonces no fueran tan crueles con los nombres extraños como los de hoy en día, porque el pequeño Astrolabio habría sido un objetivo fácil de las burlas infantiles. Más este matrimonio secreto y el nacimiento del pequeño no iban a solucionar el problema.   

Pero el tío de Eloísa, el canónigo Fulberto, entra en cólera y no está dispuesto a perdonar la ofensa y el engaño del que ha sido víctima por Pedro Abelardo. Primero descubre  a todo París el matrimonio secreto de Pedro Abelardo y su sobrina, a lo que este, enfurecido , responde enviando a Eloísa al convento de Argentuil. La pobre joven, que sólo era culpable de haberse enamorado, ingresaba en un convento separada de su amor. Pero esta acción sería el detonante de la tragedia, la venganza que había tramado Fulberto y que nos narra así su víctima, Pedro Abelardo "Cierta noche, cuando yo me encontraba descansando y durmiendo en una habitación secreta de mi posada, me castigaron con una cruelísima e incalificable venganza, no sin antes haber comprado con dinero a un criado que me servía. Así me amputaron, con gran horror del mundo, aquellas partes de mi cuerpo con las que había cometido el mal que lamentaba. Se dieron después a la fuga . A dos de ellos que pudieron ser cogidos , se les arrancaron los ojos y los genitales. Uno de ellos era el criado arriba mencionado que, estando a mi servicio, fue arrastrado a la traición por codicia"

Pedro Abelardo había sido castrado, y quizás para huir de la vergüenza decide ingresar en un convento, donde ya estaba Eloísa, mientras que Fulberto, el canónigo, fue hallado culpable de instigar esta acción y por ello fue exiliado de París y le incautaron todos sus bienes. Como suele suceder en los dramas pasionales, nadie sale vencedor, todos pierden. Pero poco después, mientras Eloísa sigue en el convento, Abelardo abandona su retiro en 1120 y regresa a la vida pública, manteniendo durante los años siguientes polémicas con algunas de las mayores personalidades de su tiempo, como Bernardo de Claraval (1090-1153). En la ciudad de Troyes funda la escuela de Parácleto en 1123  a la que acuden multitud de estudiantes atraidos por la fama y prestigio de Pedro Abelardo y sería en esta escuela donde seis años después, en 1129 , funda un monasterio y lleva allí a Eloísa a la que nombra abadesa. Apenas un año antes él mismo había sido elegido abad de otro monasterio, el de Saint Gildas, donde iba a permanecer hasta 1132, siendo entonces cuando redacta su autobiografía "Historia de mis calamidades".

Archivo:Les Amours d'Héloïse et d'Abeilard.jpeg
En esta obra del pintor francés Jean Vignaud(1885-1826) titulada "Los amores de Eloísa y Abelardo" se representa la escena en la que los dos amantes son sorprendidos  por el tío de Eloísa , Fulberto. El secreto que habían mantenido durante años de amor clandestino haría estallar un escándalo agravado por el embarazo de Eloísa. La pasión de estos encuentros nunca se extinguiría en el corazón de Eloísa, no así en el de Pedro Abelardo, al menos en apariencia pues escribirá "soy más culpable abrasándome por ti bajo del saco y de la ceniza consagrada a los altares, que lo era por los crímenes que me han acarreado mis desdichas" lo que parece demostrar que la seguía amando a pesar de todo . Por su parte Eloísa le escribirá "Me he aborrecido a mí misma por mostrarte mi amor y he venido aquí a perderme por que vivas tranquilo" Dos almas que parecían destinadas a amarse sin poder estar nunca unidas


Podíamos pensar que después de todas estas vicisitudes la historia de amor entre Pedro Abelardo y Eloísa se había extinguido, pero al menos por parte de Eloísa no era así.La sigue devorando la pasión, como podemos leer en esta carta escrita cuando ya es abadesa "Tu sabes, amado mío, lo mucho que he perdido al perderte a ti. Y cómo la mala fortuna  me robó mi mismo ser al hurtarme a ti. Y sabes, también, cómo mi dolor  por mí es incomparablemente menor , por la forma en que se realizó. Así pues, cuanto mayor es la causa del dolor, mayores remedios se han de poner para llevar el consuelo. No ciertamente por ningún otro, sino por ti mismo. Si tú solo eres la causa del dolor, también has de ser tú solo para darme la gracia del consuelo. Tú eres el único capaz de entristecerme y también el único que puede traerme la alegría y la confortación. Tú solo tienes tan gran deuda que pagarme, precisamente en el momento en que estoy dispuesta a realizar lo que mandes, pues no pudiendo ofenderte en nada, estaría dispuesta, si tú me lo mandas,  a perderme a mí misma"

Eloísa ha superado los treinta años y Pedro Abelardo tiene más de cincuenta , pero el amor sigue ardiendo en el corazón de la ahora abadesa, quiere someterse a su amado "perderme a mí misma" escribe, si él se lo manda. Pero aún va más lejos " El nombre de esposa parece ser más santo y más vinculante , pero para mí la palabra más dulce es la de amiga y , si no te molesta, la de concubina o meretriz" Para ella es más dulce ser su prostituta, su meretriz, que su esposa, hasta tal punto llega su deseo de pertenencia, de total sometimiento a los deseos de Pedro Abelardo  para buscar su aprobación "Tan convencida estaba de que cuanto más me humillara por ti , más grata sería a tus ojos y también causaría menos daño al brillo de tu gloria " Prefiere humillarse, perder su honor, antes que perjudicar en nada a su amado e insiste en que habría preferido ser su concubina antes que su esposa, para no privarle de la libertad "Dios me es testigo de que, si Augusto, emperador del mundo entero, quisiera honrarme con el matrimonio y me diera la posesión de por vida de toda la tierra, sería para mí más honroso y preferiría ser llamada tu ramera, que su emperatriz"

Pero Eloísa reprocha a su amado sus silencios "¿Por qué , después de mi entrada en religión , que tú decidiste  por mí, he caído en tanto desprecio y olvido por tu parte, que ni siquiera te dignas dirigirme una palabra de aliento cuando estás presente , ni una carta de consuelo  en tu ausencia?" Y es entonces cuando Eloísa acusa a Pedro Abelardo de no amarla ya una vez que ha satisfecho sus deseos, una acusación en la que podrán verse reflejadas muchas mujeres , quienes , una vez que han rendido su amor al hombre son luego abandonas por este en busca de una nueva conquista "Te unió a mí la concupiscencia  más que la amistad, el fuego de la pasión más que el amor. Cuando terminó lo que deseabas , se esfumaron también todas sus manifestaciones. Ojalá pudiera fingir ocasiones que me permitieran excusarte, al tiempo que, de algún modo, encubrieran mi vileza"

A las cartas de Eloísa , Pedro Abelardo responde con más frialdad, mostrando arrepentimiento por los arrebatos del amor que considera un pecado. Quizás trataba así de calmar a Eloísa en un vano intento de que olvidara un amor que no podían hacer realidad en vida. Escrbe en respuesta a las apasionadas cartas de Eloísa "Tú sabes a qué bajeza arrastró mi desenfrenada concupiscencia a nuestros cuerpos. Ni el simple pudor, ni la reverencia debida a Dios fueron capaces de apartarme del cieno de la lascivia, ni siquiera en los días de la Pasión del Señor o de cualquier otra fiesta solemne.Merezco la muerte y alcanzo la vida. Se me llama y doy la espalda. Persisto en el crimen y soy perdonado contra mi voluntad." Sólo muestra arrepentimiento por lo que el consideraba un pecado contra Dios, mientras que Eloísa sufría por la separación del hombre al que amaba

A estas apasionadas palabras y a los reproches de Eloísa , Pedro Abelardo responde en un tono más frio, casi glacial y expresa que no pensaba que Eloísa necesitara de sus palabras de consuelo  "No creí que necesitara de tales palabras quien tan pródigamente ha sido dotada de lo necesario por la divina gracia." y continua "Por eso, el hecho de atender ahora a tus hijas, como antes a tus hermanas, fue suficiente para hacerme creer que toda enseñanza o exhortación por mi parte era totalmente superflua. Si, por otra parte, en tu humildad no pienas así y crees que necesitan de mi instrucción y magistero en materias relativas a Dios, puedes escribirme lo que quieras" Impersonal, sin responder a las  preguntas ni negar las afirmaciones de la carta de Eloísa.

Pero Eloísa , en su monasterio, bajo los hábitos de monja, arde de deseo y de pasión por su amado, a pesar del tiempo, a pesar de los desprecios , a pesar de sus silencios "He de confesar que aquellos placeres de los amantes me fueron tan dulces que ni me desagradan ni pueden borrarse de mi memoria. Adonde quiera que miro , siempre se presentan a mis ojos con sus vanos deseos" Ni siquiera los oficios religiosos calman este deseo y el recuerdo del amor y el placer perdidos "Debería gemir por los pecados cometidos y , sin embargo, suspiro por lo que he perdido. Y no sólo lo que hice, sino que también  estáis fijos en mi mente tú y los lugares y el tiempo en que lo hice" Trata de huir de este deseo pero le es imposible y exclama  "¡Desdichada de mí y digna de aquel grito de angustia de un alma aquejada : "Infeliz de mí  ¿y quién me librará  de este cuerpo de muerte?" y se rinde ante los anhelos de su cuerpo "A estos estímulos de la carne y a estos incentivos de la libido, los atizan contra mí, tanto el ardor juvenil de mi edad,como la experiencia de los más dulces placeres. De manera que su acoso es tanto más intenso , cuando más débil es la naturaleza contra la que arremeten"

Aún hoy , leyendo estas palabras, estremece la pasión, el deseo, el ardor de Eloísa, inextinguible al paso del tiempo en comparación con la frialdad de Pedro Abelardo. Se demuestra que la acusación de Eloísa era cierta, él la persiguió hasta su conquista pero una vez que obtuvo lo que buscaba trata de alejarse de ella. Es tal el amor de Eloísa que le pone incluso por delante del amor a Dios, algo inconcebible en la época medieval "Dios sabe que en todas las ocasiones de mi vida temí ofenderte a ti más que a Él y que quise agradarte a ti más que a Él. Fue tu amor, no el de Dios, el que me mandó tomar el hábito religioso. Fíjate , entonces, en la vida miserable que llevo, teniendo que aguantar en esta vida tantas cosas y sin esperar premio alguno en la otra "  Mientras, Pedro Abelardo es acusado de herejía por Bernardo de Claraval, al que estaba enfrentado,  y en 1141 es condenado por hereje a no ejercer la docencia . Pedro Abelardo decide retirarse de la vida pública de forma definitiva e ingresa en el monasterio de Saint-Marcel , en la ciudad de Chalon-sur-Saône.Allí morirá un año después, en 1142 y su cuerpo es trasladado al Paracleto, donde se hallaba el monasterio de Eloísa.

Archivo:AbelardHeloiseTomb.jpg
Tumba de Eloísa y Pedro Abelardo en el cementerio de Pére Lachaise, donde fueron trasladados en 1817 y donde aún hoy podemos visitarlos. En el epitafio que figura en la tumba en su antigüo emplazamiento en el monasterio fundado por el propio Pedro Abelardo podía leerse "Aquí, bajo la misma losa, descansan el fundador de este Monasterio:Pedro Abelardo y la primera Abadesa, Eloísa,unidos otro tiempo por el estudio, el talento,el amor, un himeneo desgraciado,y la penitencia.En la actualidad, esperamos, que una felicidad eterna los tiene juntos."
Cuando Eloísa pregunta al abad de Cluny, Pedro el Venerable(1092-1156) sobre como fue la muerte de Pedro Abelardo este le responde con esta declaración de esperanza para los amantes "Ahora Dios, en el lugar de Eloísa, le calienta en su seno, como ella misma, y se lo conserva para devolvérselo el día del Juicio Final" Eloísa le sobreviviría aún veinte años más , hasta su muere en 1164. Los cuerpos de los dos amantes fueron trasladados al célebre cementerio parisino de Pére-Lachaise en 1817, donde áun hoy se puede visitar su tumba. Así termina su historia, en plena Edad Media pero con unos sentimientos de una fuerza, una intensidad y una pasión que todos podemos reconocer, porque a pesar de los casi novecientos años que nos separan de Pedro Abelardo y Eloísa, no nos separa nada como seres humanos. El mundo avanza, evoluciona, progresa, pero el corazón del hombre permanece inalterable padeciendo los mismos gozos, placeres, dolores y sufrimientos en todas las épocas de la historia. Si alguna vez pasáis por el cementerio de Pére-Lachaise tratad de acercaros a la tumba de estos dos amantes que sólo la muerte consiguió reunir de nuevo.
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