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miércoles, 23 de enero de 2013

SOBRE LA VEJEZ Y EL PRECIO DE LA VIDA

 
Decía John Lennon que "la vida es eso que te pasa mientras tu estás haciendo otros planes" y hoy no tenía planeado escribir sobre la vejez , pero hay momentos que la actualidad y las palabras que llegan hasta ti a través de los medios de comunicación te obligan a tratar eso tan efímero que son las noticias de hoy pues ya conocemos esa frase que dice que no hay nada más antiguo que el periódico de ayer. Lo que esta mañana ocupa portadas y minutos en las tertulias de televisión mañana será sustituido por otro tema que hará olvidar lo que el día anterior fue noticia , uno de los grandes males de nuestra sociedad actual, donde el bombardeo  inmisericorde de todo tipo de noticias, importantes algunas, prescindibles una inmensa mayoría, impiden la reflexión sobre ellas y poder obtener un resultado de su conocimiento. ¿De qué sirve que hoy me escandalice por algo si mañana lo habré olvidado y es que como si nunca hubiera sido dicho o hecho? Es una de las paradojas de nuestro hiperinformado mundo de las redes sociales, cuando más acceso tenemos a las noticias menos las conocemos y más rápido nos olvidamos de ellas. Por eso quiero detenerme en unas palabras que se que en apenas unos días ya nadie reparara , pero que para mi es un síntoma muy preocupante de la sociedad que estamos construyendo.
 
Vamos a viajar ahora hasta  Japón, que  es una de las naciones más antiguas del mundo, pues según la leyenda  fue fundado en el año 660 a. C por el legendario emperador Jinmu. Tradicionalmente se ha establecido que la fecha de fundación de Japón fue el 11 de febrero de aquel año y hoy es celebrado anualmente como  Día de la Fundación Nacional. Apegados a sus tradiciones, a la figura del emperador, a la imagen idealizada de los samurais, a los antepasados , sorprende que sea en este país donde ahora uno de sus líderes políticos desprecie a sus ancianos , a los portadores de la memoria y las tradiciones, a los que siempre habían merecido respeto por atesorar la sabiduría que proporciona la experiencia. Japón tiene en nuestros días una población que se acerca a los 128 millones de habitantes  de los cuales alrededor de un 25% tiene más de sesenta años y las proyecciones de futuro elevan hasta el 40%  el porcentaje de japoneses que superen esa edad . Como es fácil imaginar, cuanto mayor es el número de habitantes de edad avanzada , también se elevan los gastos sanitarios que requieren sus cuidados, más aún cuando según estadísticas del año 2010 cuatro millones seiscientos mil  ancianos vivían solos y no tienen familia que se haga cargo de ellos, multiplicando el coste de su cuidado. A ello hay que añadir las ayudas sociales que reciben las familias que tienen a su cuidado a un anciano, que en Japón son más de 670.000 familias , el descenso de natalidad, que no supera el 1,3 hijos por pareja y el aumento de la esperanza de vida, que allí supera los 82 años.

Evolución de la esperanza de vida a nivel mundial, que es por supuesto una media de todas las naciones, porque en los países más ricos, Estados Unidos, la Unión Europea, Japón  la esperanza de vida es próxima o supera los ochenta años de edad, como sucede en España con 81 años de edad y Japón que supera los 83 años de edad , mientras que en los países más pobres esta esperanza desciende como en el caso de la República Centroafricana donde la esperanza de vida es de 47 años, una esperanza de vida que era la de un europeo hasta el comienzo del siglo XX. Desde entonces los avances de la medicina, la mejora de la alimentación  y la higiene han propiciado que en un siglo la población del planeta se incrementara casi en seis mil millones más, pero conservando las mismas estructuras sociales nacidas de la Revolución Industrial lo que explica los problemas que nuestras sociedades basadas en el capital y el consumo están teniendo para seguir funcionando , podríamos imaginarnos un traje muy antiguo que queremos seguir vistiendo después de treinta años y con treinta kilos más de peso. Ese traje ya no nos vale y creo ,desde mi punto de vista, que lo mismo sucede con nuestro sistema económico alrededor del cual organizamos nuestras vidas   (Imagen procedente de http://www.terra.org )
 
Es evidente que tanto en Japón como en otros muchos países del mundo desarrollado, desde la Unión Europea hasta los Estados Unidos , el envejecimiento de la población causado, con una mayor longevidad  y unido al descenso de la natalidad comienza a causar problemas para el mantenimiento de los sistemas de pensiones y la financiación de la sanidad. Miremos un momento al pasado, al año 1800 , cuando comienza la Revolución Industrial y la población mundial alcanza los mil millones de habitantes por primera vez en la historia y la media de la esperanza de vida en el planeta no superaba los cuarenta años de edad, excepto en los países más ricos, como los Países Bajos o Gran Bretaña donde era ligeramente superior. A lo largo del siglo XIX la esperanza de vida fue aumentando unida a los avances de la medicina, como la anestesia, utilizada por vez primera por el dentista norteamericano Horace Wells (1815-1848)  y los antisépticos inventados en 1865 por el cirujano británico Joseph Lister (1827-1912) que evitó la muerte de millones de personas debido a las infecciones contraídas en los propios hospitales por la falta de higiene al tratar las heridas . A comienzos del siglo XX la población mundial había alcanzado los mil seiscientos cincuenta millones de habitantes y la esperanza de vida se elevaba a nivel global sobrepasando los cincuenta años y en los países más ricos llegando a los sesenta y cinco años.
 
La Primera Guerra Mundial detiene brevemente este crecimiento en las dos magnitudes debido a la alta mortalidad  de la guerra tanto entre soldados como entre los civiles unido a los estragos de la llamada Gripe Española , una devastadora epidemia que entre 1918 y 1920 causó la muerte de entre cincuenta y cien millones de personas. Pero el descubrimiento por el científico escocés Alexander Fleming(1881-1955) de la penicilina en el año 1929 , el primer arma eficaz contra las bacterias, supondría una auténtica revolución en la sanidad, enfermedades mortales que hasta entonces eran letales por fin tenían remedio. Después de detenerse una vez más el crecimiento de la población y la esperanza de vida por la Segunda Guerra Mundial , a partir de 1945 la mejora del nivel de vida, los avances científicos en medicina y la mejor alimentación contribuye a que en 1950 la población mundial superase los dos mil quinientos millones de habitantes y cincuenta años después, al comienzo del siglo XXI, superare los seis mil millones que se convirtieron en siete mil millones en apenas una década más, mientras la esperanza de vida a nivel mundial alcanzaba los sesenta y siete años, aunque con grandes diferencias entre los países más ricos y los más pobres. En países como España la esperanza de vida supera de media los ochenta y un años de edad y en Japón se aproxima ya a los ochenta y tres años, es decir, más de cuarenta años con respecto al comienzo de la Revolución Industrial y más de veinte años si tomamos como referencia el inicio del Siglo XX

ENVEJECIMIENTO EN EUROPA Y EN JAPÓN

Os incluyo estos dos breves reportajes sobre el envejecimiento de las sociedades causado por el aumento de la esperanza de vida pero, más aún, por el descenso de los índices  natalidad en Europa y Japón. El cambio de la sociedad es obligado , pero no en el sentido que parece insinuar el ministro de Finanzas de Japón Taro Aso que menciono más adelante en el artículo. Los ancianos no son un problema, la longevidad  es una de las grandes conquistas de nuestro tiempo. El problema es un sistema basado en criterios económicos nacidos en el siglo XIX y que ya no es válido en nuestros días.



 
 
He hecho referencia a ello para entender que sí nos enfrentamos a un problema que hay que afrontar desarrollando un sistema de organización social diferente, que no se base en que el mantenimiento de las personas de más edad dependa de las más jóvenes, porque en el mundo futuro, en el de las próximas décadas, la proporción en los países más desarrollados se inclinará cada vez más a favor de la edad madura sobre la juventud, un desequilibrio provocado por el propio sistema ya que cada vez resulta más costoso para un matrimonio la educación y manutención de sus hijos, lo que les fuerza a reducir  su número que cada vez más queda limitado a uno, lo que no garantiza el relevo generacional. Este es sólo uno de los aspectos que muestran el agotamiento del sistema con el que hemos organizado nuestras sociedades durante los últimos dos siglos, aunque hay otros, como los graves problemas medioambientales y el cambio del clima que hemos provocado con nuestro sistema productivo y una economía basada en el consumo con una población creciente , agotando los recursos y destruyendo los habitats terrestres y marinos, quizás el mayor desafío al que ahora se enfrenta la humanidad. Si, hay que cambiar la manera en que organizamos nuestras sociedades pero parece que se prefiere mantener el sistema poniendo parches en vez de afrontar una forma diferente de vivir, donde no sea el dinero, la producción y la rentabilidad  lo que condicionan nuestras vidas.

Vivimos en un tiempo en el que todo se mide con criterios económicos, de rentabilidad , de beneficios, un tiempo miope donde no se mira a largo plazo sino los resultados que se puedan obtener mañana y si es posible hoy , y en este mundo donde sólo tiene valor la producción y el beneficio los ancianos son vistos por el sistema como una carga enojosa, un elemento improductivo que consume recursos. A lo largo de toda la historia de la humanidad el anciano era respetado por la experiencia acumulada a lo largo de su vida, sus consejos eran escuchados con atención y en muchos pueblos solo los ancianos podían ocupar el gobierno de la tribu, del pueblo o la ciudad . Como escribía Marco Tulio Ciceron en el siglo I a. C "El viejo no puede hacer lo que hace un joven; pero lo que hace es mejor.", aportaba su conocimiento , su prudencia , esas virtudes intangibles que no se pueden valorar en cifras, en balances ni en cuadros macroeconómicos, pero que son mucho más valiosas, porque cuando un anciano muere, muere con él no sólo un ser humano irrepetible, sino que además desaparecen con él  muchos años de vida, de conocimientos, de la historia de todos nosotros. Hace no mucho tiempo escribí en el Mentidero sobre el peligro de medir todo en términos económicos, porque eso nos puede llevar a pensar que hay vidas rentables y vidas que no lo son y al igual que una empresa despide a sus trabajadores cuando no obtiene el beneficio que espera, alguien podría llegar a pensar que lo mismo se debería hacer con aquellas personas que ya no generan beneficios económicos.

Para Thomas Robert Malthus el ritmo de crecimiento de la población, al no ser que intervengan elementos externos como guerras, pestes o catástrofes naturales, es siempre superior a la capacidad de producción de alimentos , por lo que a largo plazo la pobreza aumentaría  e incluso podría poner en peligro la propia existencia de la humanidad. Esta teoría, llamada Malthusianismo, sería desmentida por los adelantos en la producción de alimentos que ha crecido más rápido que la población , como podemos ver en los dos gráficos comparados, a la izquierda tal y como lo concebía Malthus, y a la derecha como es en la realidad. El problema que existe hoy no es la producción de alimentos sino la correcta distribución de los mismos. Creo que lo mismo se podría decir de aquellos que afirman que los ancianos son una carga muy pesada para el sistema económico , el problema nunca pueden ser las personas, sino los sistemas que hemos creado para organizarnos. Si un sistema se demuestra que es ineficaz lo que habrá que hacer es crear uno nuevo, pero parece que lo que ahora se está tratando es de culpabilizar a diferentes sectores de la sociedad, los inmigrantes, los desempleados, los ancianos . Son los nuevos seguidores de Malthus, que hace dos siglos proponía en su "Ensayo sobre el principio de la población" que era preciso la reducción de los pobres "En vez de recomendarles limpieza a los pobres - escribía -, hemos de aconsejarles lo contrario, haremos más estrechas las calles, meteremos más gente en las casas y trataremos de provocar la reaparición de alguna epidemia" (Imagen procedente de http://html,rincondelvago.com )   

El clérigo y padre de la demografía, el británico Thomas Robert Malthus(1766-1832) escribía en su "Ensayo sobre el principio de la población" publicado en 1798 ,palabras tan terribles como estas " El hombre que nace en un mundo ya ocupado no tiene derecho alguno a reclamar una parte cualquiera de alimentación y está de más en el mundo. En el gran banquete de la naturaleza no hay cubierto para él. La naturaleza le exige que se vaya, y no tardará en ejecutar ella misma tal orden" Malthus no se refería a los ancianos, sino a los pobres ,a los que no tenían recursos, que para él no eran más que una carga que había que eliminar para permitir la supervivencia de los mejor adaptados, que , como podéis suponer , eran las clases altas, la aristocracia. No se si estaría inspirado por el espíritu de Maltus cuando en esta misma semana en la que escribo el  Ministro de Finanzas y vicepresidente de Japón, Taro Aso (1940), que también es presidente del Partido Liberal Democrático de Japón y fue primer ministro de este país entre septiembre de 2008 y septiembre de 2009, dijera unas palabras que para mi aún son más terribles que las de Malthus porque son pronunciadas doscientos años después, en una sociedad democrática y en la tercera economía mundial, como es Japón. Refiriéndose a los ancianos hospitalizados y con enfermedades graves dijo Taro Aso "Yo me levantaría sintiéndome cada vez peor sabiendo que el tratamiento lo paga el Gobierno. El problema no será resuelto hasta que se den prisa y se mueran"

Si, habéis leído bien, "hasta que se den prisa y se mueran"  y añadió que "el Ministerio de Sanidad sabe bien que cuesta varios cientos de millones de yenes  cada mes tratar a un sólo paciente". En el diario español "El Mundo" se recordaban otras declaraciones suyas del 2008, año en el que fue primer ministro de la , insisto en ello ,tercera potencia económica del mundo, donde se preguntaba "¿Por qué tengo que pagar por las personas que sólo comen y beben y no hacen ningún esfuerzo?Yo camino todos los días y hago otras cosas, pero pago más impuestos" Estas palabras no tendrían tanta importancia sino fuera porque el que las ha pronunciado dirigió los destinos de un país de casi ciento treinta millones de personas durante un año y ahora es su vicepresidente. Aunque luego ha matizado esas palabras, que él ha calificado como "inapropiadas" refleja el pensamiento enfermo en que están envueltas nuestras sociedades , donde lo que no es rentable es apartado y marginado . Se que muchos consideraran una exageración preocuparse por estas palabras, que son sólo la declaración de un político propenso a los excesos verbales, pero me inquieta mucho oírlas porque cuando se habla de la vida de seres humanos en términos económicos , transformado a una persona única e irrepetible en un número, es fácil deshumanizarla, olvidar que se trata de una persona y verla sólo como si fuera un valor negativo en el balance de una empresa.

El ministro de Finanzas japonés Taro Aso, que con sus declaraciones pidiendo que los ancianos se den prisa en morir ha despertado la polémica. Lo que me pregunto es ¿Cuantos dirigentes pensarán así? Este señor ha sido primer ministro de Japón, no es un provocador de una tertulia televisiva que busca llamar la atención sino alguien con grandes responsabilidades y que ha tenido en sus manos un gran poder de decisión. El gobierno japonés planea un gran recorte en los gastos sociales,algo que también se está haciendo en Europa y Estados Unidos, siempre justificado con criterios económicos. Cuando escribo sobre esto recuerdo siempre una novela de ciencia ficción, "La Fuga de Logan", donde el gobierno controla la población eliminándola al alcanzar una determinada edad aunque se les engaña diciéndoles que es un premio. Incluso las ideas más terribles pueden hallar argumentos que las sostengan, por eso hay que permanecer alerta ante los Taro Aso que traten de poner en un plano de igualdad la vida de un ser humano y un presupuesto económico. Nada es comparable a la vida de una persona (Imagen procedente de http://www.guardian.co.uk )


Gracias al esfuerzo sumado de las mentes de grandes hombres hoy vivimos más tiempo y en mejores condiciones que en ninguna otra época de la historia y no debería ser visto como una carga pesada para las sociedades , sino como un tesoro inmenso. Pero para aquel que sólo entiende el mundo en términos económicos, ¿qué valor tiene un verso?¿de qué sirve la belleza de un amanecer?¿qué coste tiene la experiencia de un anciano?¿cual es el precio de la vida humana? El gran director de cine sueco Ingmar Bergman definía la vejez "como escalar una gran montaña; mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena" pero esas palabras no deben tener sentido alguno para el ministro Taro Aso y para otros que piensan como él y que al igual que no les tiembla el pulso para despedir a miles de personas de sus empresas para incrementar los beneficios, tal vez tampoco lo hagan para desembarazarse de los que ya no son productivos según su criterio.Hace un siglo y medio nos lo advertía el que fuera presidente de los Estados Unidos, Abraham Lincoln "De aquel que opina que el dinero puede hacerlo todo, cabe sospechar con fundamento que será capaz de hacer cualquier cosa por dinero" Creo que vivimos tiempos en los que parece que el dinero lo justifica todo y por eso hay que mantenerse alerta y no dejar que palabras como las de Taro Aso sean tomadas a la ligera, como en su día se hizo con las declaraciones antisemitas de los nazis. Sólo hay un bien que merece la pena conservarse, la vida del ser humano, de todos y cada uno de nosotros, niños, adultos y ancianos , todos irrepetibles, todos únicos, todos un milagro de la naturaleza. No lo olvidemos nunca porque me temo que habrá más Taro Aso en el futuro.

miércoles, 19 de octubre de 2011

HISTORIAS DE LA MEDICINA: SEMMELWEIS , EL SALVADOR DE LAS MADRES

Hoy nos parece normal la higiene en los hospitales, las medidas de asepsia y esterilización del material quirurgico pero no siempre fue así, es más , solo ha sido así desde hace menos de 150 años, pues hasta entonces los hospitales olían a pus , a podredumbre, a carne corrompida .Los hospitales eran más parecidos a mataderos que a un lugar donde se sanaba a la gente , los pacientes morían en sus camas víctimas de las infecciones y esto era aceptado como algo inevitable  contra lo que no se podía luchar y nadie pensó en la forma de combatirlo, nadie hasta que un joven húngaro  comenzó a trabajar como ayudante de la primera clínica de obstetricia de Viena, el Hospital General. Se llamaba Ignaz Philipp Semmelweis y aún no sabía que su vida iba a estar marcada fatídicamente por la incomprensión y la sordera de los mediocres que se negaron a escuchar su voz y con ello condenaron a miles de personas a una muerte absurda e innecesaria.

Semmelweis había nacido en Budapest en 1818, que entonces se hallaba dentro del territorio perteneciente al Imperio Austro-Hungaro, en un barrio de mayoría alemana. Con 19 años, viaja a Viena para estudiar Derecho en su Universidad pero su vida cambia cuando asiste a una autopsia y decide abandonar Derecho por la carrera de Medicina en la que había descubierto su verdadera vocación. Estudia con algunos de los médicos más importantes de su época como Joseph Skoda(1805-1881), partidario de una corriente médica conocida como nihilismo terapéutico que consistía en dejar la recuperación de los pacientes a su propia naturaleza, sin intervenir más que con dietas y destacando sobre todo por lo certero de sus diagnósticos, Carl von Rokitansky (1804-1878), que creó un método de autopsia conocido como "Técnica de Rokitansky" todavía utilizado en nuestros días y de las que el llegó a realizar o supervisar más de 70.000 a lo largo de su vida,  y Ferdinand Ritter von Hebra(1816-1880) uno de los más destacados dermatólogos de su tiempo. Estos tres hombres estaban detrás de la fundación de la Escuela Moderna de Medicina de Viena que impulsaría la renovación de la medicina de su tiempo.

Durante siglos las fiebres puerperales era el riesgo mortal al que se enfrentaban las mujeres , que morían poco después del parto aquejadas de fuertes fiebres, inflamaciones y supuración. Hasta el descubrimiento de la penicilina en el siglo XX  el único arma del que disponía la ciencia médica era la higiene, pero tampoco esto era contemplado hasta que Semmelweis inició su particular cruzada por la higiene en los hospitales, la desinfección del instrumental quirúrgico, la limpieza de la ropa y de las manos de los propios doctores y enfermeras. Semmelweis diría "El deber más alto de la medicina es salvar la vida humana amenazada, y es en la rama de la obstetricia donde este deber es más obvio."  pero pudo comprobar a lo largo de su vida que este deber no era tan obvio para muchos (imagen procedente de http://cleanhandss.blogspot.com )  

Cuando en 1839  se inaugura la Escuela de Medicina de Budapest, Semmelweis decide regresar a su ciudad natal para terminar allí sus estudios pero descontento con el nivel de la enseñanza que recibía regresa a Viena donde obtiene el título de Medicina en 1844 y dos años después, en 1846, entra a trabajar como ayudante en la clínica de obstetricia del Hospital General de Viena , bajo la dirección del profesor Johann Klein(1788-1856), que veinte años antes había sustituido al prestigioso doctor Johann Boer (1751-1835) que había sido el principal especialista en obstetricia de su tiempo. Mientras Boer había estado al frente de la clínica de obstetricia del Hospital General de Viena, el índice de muertes entre las mujeres que habían dado a luz a causa de las llamadas fiebres puerperales había disminuido gracias a la aplicación de medidas de higiene tan básicas como lavarse las manos después de practicar una autopsia o de atender a otra enferma .  A finales del siglo XVIII se habían publicado los primeros estudios sobre la existencia de un agente contagioso al que denominaban "miasmas" y que podía provocar la muerte aunque se desconocía en que consistían estos agentes infecciosos

Sin embargo, estos estudios no eran tenidos en cuenta por la mayoría de los médicos de su tiempo y cuando Klein, al que Boer consideraba  "el menos capacitado entre los incapacitados", le sustituye en su cargo elimina todas estas medidas de higiene que consideraba inútiles. Cuando Semmelweis se convierte en su ayudante  la sección de obstetricia del Hospital General de Viena estaba dividida en dos subsecciones, una que estaba destinada a las clases de obstetricia para los estudiantes de medicina, y otra donde las parturientas eran atendidas por las mujeres que se estaban formando como comadronas,  que eran las que se encargaban de cuidar la salud de las mujeres durante el embarazo y asistirlas en el parto . Las mujeres que acudían al Hospital a dar a luz eran en su mayoría de las clases sociales más bajas, cuando no indigentes, ya que las mujeres de buena familia y con mayores recursos económicos daban a luz en sus hogares. Sólo en su primer mes de trabajo Semmelweis observa como de las 208 mujeres que habían ingresado en la sección de obstetricia habían muerto 36 víctimas de las fiebres puerperales. Desde el 1% de fallecimientos con Boer se había pasado a casi el 29% en algunos meses.

XIX en Vizcaya. Los hospitales eran entonces poco más que lugares a los que iba a morir la gente. No sería hasta la década de los años cuarenta de ese siglo cuando empieza a emplearse la anestesia y aún se desconocía la asepsia, por lo que las infecciones hospitalarias mataban más pacientes que las propias enfermedades corrientes . El olor a pus y podredumbre inundaba las estancias .(imagen procedente de http://www.euskonews.com )

Las fiebres puerperales , que hoy es más conocida como sepsis puerperal, era y es un proceso infeccioso grave, que afecta a todo el organismo después de que la mujer haya dado a luz y en los 15 días posteriores al parto y es  causado por bacterias como la Escherichia Coli . Una vez que el feto es expulsado estas bacterias penetran en el organismo de la madre e infectan el endometrio, que es la mucosa que recubre el interior del útero. A continuación, las bacterias invaden todo el cuerpo a través del torrente sanguíneo, provocan fiebres altas, malestar general , taquicardias, caída de la tensión arterial y fallo renal además de inflamaciones y supuración de pus por todo el cuerpo , desde el hígado a los riñones o las meninges.A lo largo de la historia la mujer había pagado un caro tributo por dar a luz, un tributo de  muerte que  no distinguía entre nobles y campesinas, entre reinas y la más anónima indigente. Así, por ejemplo , el doctor Martín de Salinas narraba la muerte de la esposa del emperador Carlos V(1500-1558) y madre del futuro rey de España Felipe II (1527-1598), la emperatriz Isabel de Portugal(1503-1539), víctima como tantas otras mujeres de las fiebres puerperales.

"Por las cartas que el Doctor Matías llevó entendió Vuestra Majestad el parto de la Emperatriz y como parecía quedar buena cuando partió. Lo que después ha sucedido es que el viernes en la noche le vino una calentura(fiebre) recia que en toda la note la tuvo con gran congoja; y sin quitársela pasó el sábado y el domingo, empeorando de cada hora, de suerte que por estar flaca temía de su persona y no tenían seguro de su salud. Y el domingo por la tarde le vino la calentura más recia y congojas tan recias que entonces pensó que acabara , lo cual duró hasta el martes al medio día que le dejó la calentura con un sudor y aliviose con unas cámaras de sangre(flujos de sangre, hemorragias) que le vinieron, y así estuvo alegre martes y miércoles, tan flaca como Vuestra Majestad podrá pensar. Y como su virtud no bastara a resistir los accidentes tan recios, el miércoles después de pasada media noche comenzó a arreciar la calentura y Su Majestad a enflaquecer  de suerte que jueves a la mañana , primero de mayo, andaba ya al cabo; y haciendo sus cosas como verdadera cristiana , dio el ánima a Dios el dicho día jueves a primero de mayo después del medio día."


Nada podían hacer los médicos de entonces ,cuando no se conocían los antibióticos , para salvar a estas mujeres del silencioso enemigo que había infectado su organismo pero si había algo que se podía hacer para evitar que esta infección llegara a su interior. Semmelweis se da pronto cuenta que el número de muertos en la sección de obstetricia, donde se da clase a los estudiantes de medicina, es muy superior a la sección de obstetricia donde son atendidas las mujeres por comadronas.Si en la primera hemos visto que en ocasiones llegaba hasta el 29% de muertes en algunos meses, aunque la media era del 10%, en la sección atendida por las comadronas apenas era de un 1%. Semmelweis deduce que si la fiebre puerperal se tratase de una epidemia el número de muertes tenía que ser similar en las dos secciones, pero no era así. Cuando le comunica  su inquietud a Klein este se limita a encogerse de hombros. Las mujeres habían muerto durante toda la historia de fiebre puerperal y así seguiría siendo. Podríamos definirlo como el fatalismo de los mediocres, que ante un problema prefieren eludirlo antes que enfrentarse a él.


Este es el esquema del proceso deductivo que utilizó Semmelweis para encontrar la causa que provocaba las muertes de las mujeres parturientas en su sección de obstetricia, muy superior al nivel de fallecimientos  en la sección de la que se encargaban las comadronas. Mientras que Semmelweis y sus estudiantes pasaban de la sala de autopsias del depósito de cadáveres a la sala de obstetricia sin lavarse, las comadronas, que tampoco usaban medidas de higiene, al menos no entraban en contacto con los cadáveres. Eso hizo pensar a Semmelweis que algo en estos cadáveres era transportado por los médicos en sus manos y luego con ellas infectaban a las mujeres. (imagen procedente de http://adrianamartinez1236.blogspot.com )    

Pero Semmelweis no era así. No sabemos si habría leído la obra del médico y poeta norteamericano Oliver Wendell Holmes (1809-1894) publica en 1843 con el título de "Sobre el contagio de la fiebre puerperal" donde hacía la siguiente recomendación  "un médico dedicado a atender partos debe abstenerse de participar en necropsias de mujeres fallecidas por fiebre puerperal, y si lo hiciera deberá lavarse cuidadosamente, cambiar toda su ropa, y esperar al menos 24 horas antes de atender un parto" . La verdad es que este consejo de Wendell había sido despreciado por las máximas autoridades médicas de su tiempo, pero Semmelweis era un hombre sensible y no podía sentarse indiferente viendo impotente como morían decenas de mujeres a su cargo sin conocer el motivo. Acompañaba a sus alumnos diariamente a la sala de autopsias para sus estudios y después, sin proceder a lavarse ni cambiarse la ropa, aún con el olor de los cadáveres en sus manos ,procedían luego a examinar a las mujeres que se hallaban en la sección de obstetricia, tanto a las que estaban preparándose para el parto como a las que ya habían dado a luz, sin saber que la muerte la llevaban en sus manos.

Con el deseo de averiguar que era lo que causaba la muerte de estas mujeres Semmelweis se esmeraba en estas exploraciones, las hacía más detenidamente, pero el resultado fue que en los siguientes meses se multiplicó el número de muertes en su sección, alcanzando una media del 12% mientras en la de las comadronas permanecía estable en el 0,9%. Semmelweis no entendía el motivo y se desesperaba . Escribía "Todo quedaba sin la menor explicación , todo era dudoso.Sólo el gran número de muertes era una realidad indudable, eso y la indiferencia de las enfermeras y el resto de médicos ante esta tragedia cotidiana" , lo que le sumía aún más en sus inquietudes , causándole una depresión.Por esta época escribe a uno de sus amigos,"No puedo dormir ya. El desesperante sonido de la campanilla que precede al sacerdote portador del viático, ha penetrado para siempre en la paz de mi alma. Todos los horrores, de los que diariamente soy impotente testigo, me hacen la vida imposible. No puedo permanecer en la situación actual, donde todo es oscuro, donde lo único categórico es el número de muertos".

Semmelweis era un hombre sensible, que no pudo permanecer al margen mientras veía como a su alrededor morían las mujeres sin saber el motivo de su muerte. Pero la humanidad no era un rasgo característico en los hospitales de la época  y los esfuerzos de Semmelweis sólo tuvieron la respuesta de la incomprensión y el desprecio, que poco a poco fueron marginándolo y causándole un desequilibrio mental que se manifestaría en sus últimos años de vida . Un caso más del triunfo de la soberbia de hombres que se creían sabios y no quisieron asumir el esfuerzo de entender las nuevas ideas de Semmelweis

Uno de sus mejores amigos, profesor de medicina forense en el Hospital General de Viena, Jacob Kolletschka(1803-1847), consigue convencerle para que se tome unas semanas de vacaciones temiendo que esté a punto de sufrir una crisis nerviosa. Semmelweis accede y el 2 de marzo de 1847 viaja a Venecia para pasar tres semanas alejado de Viena y de la fiebre puerperal. Pero Semmelweis no podía borrar de su mente la imagen de aquellas mujeres consumidas por la infección. Cuando regresa a Viena el 20 de marzo vuelve inmediatamente al Hospital para seguir trabajando. Pero echa en falta a su amigo Jacob Kolletschka. Le espera pacientemente, pero no llega y cuando pregunta a uno de sus ayudantes donde está, sorprendido le responde si no se había enterado de la noticia, el doctor Kolletschka  estaba muerto. Mientras daba clases a sus  estudiantes, uno de ellos le hizo un pequeño corte sin querer en el brazo con el bisturí. Kolletschka no le prestó mayor atención pero al día siguiente comenzó a tener fiebre y sentir escalofríos  y pocos días después, el 13 de marzo de 1847, once días después de la partida de Semmelweis, Kolletschka moría a los 43 años de edad. Semmelweis pide que le permitan realizar la autopsia del cadáver de su amigo y descubre que presentaba las mismas inflamaciones y supuraciones que los de las mujeres víctimas de la fiebre puerperal.

Semmelweis escribe "Emocionado todavía por los tesoros artísticos de Venecia, y profundamente trastornado por la noticia de la muerte de Kolletschka , lo que se impuso por encima de todo en mi excitado espíritu, con una irresistible claridad, fue la identidad existente entre la enfermedad que se llevó a mi amigo y aquélla bajo cuyas garras vi morir a tantos centenares de parturientas" De pronto se hace la luz en la mente de Semmelweis, si la muerte de Kolletschka se había producido a causa del corte de un bisturí que se estaba utilizando en una autopsia, quiere decir que se había infectado por alguna sustancia del cadáver, los mismos cadáveres que él y sus alumnos tocaban antes de examinar a continuación a las mujeres en la sala de obstetricia.Eso explicaría la diferencia de muertes entre su sección y la de las comadronas , ya que estas no tocaban los cadáveres ni bajaban a la sala de autopsias y si eso era así significaba que él y sus alumnos habían llevado la muerte a aquellas desdichadas. Semmelweis llegó a pensar incluso en el suicidio , con la conciencia atormentada por todas aquellas muertes. Años después escribiría "solo Dios sabe el número de mujeres que por mi causa han bajado a la tumba prematuramente"

La orden de Semmelweis de lavarse antes de tocar a las parturientas, como vemos en la imagen, tuvo un efecto inmediato, y redujo el número de muertes en poco tiempo del casi 12% de media a menos del 3%. Sin embargo , estas medidas fueron mal recibidas por muchos estudiantes y también por las enfermeras. Klein, el superior de Semmelweis, que además no compartía sus métodos, conseguiría destituirlo y desacreditar su investigación. Si le hubiera apoyado se habrían podido ahorrar miles de muertes (imagen procedente de http://www.infectologiapediatrica.com )

Finalmente , y sin contar con su superior , el 15 de mayo de 1847 ponía este cartel en la puerta de la clínica de obstetricia "A partir de hoy, 15 de mayo de 1847, todo médico o estudiante que salga de la sala de autopsias y se dirija a la de alumbramientos tiene la obligación , antes de entrar en ésta, de lavarse cuidadosamente las manos  en una palangana con agua clorada dispuesta en la puerta de entrada. Esta disposición rige para todos.Sin excepción. P.I.Semmelweis". En ese mismo mes de mayo el porcentaje de muertes en la sala de obstetricia es del 12,34% ,pero en los meses siguientes el porcentaje de fallecimientos desciende hasta el 3,04%. En octubre, sin embargo, se encuentra con que todas las mujeres que se hallaban en la sala sufren de fiebre puerperal y Semmelweis deduce que no sólo se puede transmitir la infección de un cadáver a una persona viva, sino también entre personas vivas y ,a partir de ese momento, aún establece normas de higiene mucho más estrictas que incluyen la limpieza de todos los instrumentos quirúrgicos. Aunque hoy nos pueda parecer increíble, entonces los bisturís no se limpiaban ni desinfectaban, simplemente se limpiaba la sangre en la propia ropa del médico.

Sin embargo, la obsesión de Semmelweis por la limpieza no es bien recibida por muchas enfermeras y estudiantes que presentan sus quejas a Klein, que además no comparte las ideas de su subordinado y está decidido a prescindir de él a la mínima oportunidad. Semmelweis había comunicado sus avances a sus antiguos profesores,  Joseph Skoday y Ferdinand Ritter von Hebra, que le animan a que escriba un artículo sobre ello, pero a Semmelweis no le gusta escribir y piensa que basta con los resultados de su trabajo, que en 1848 ya alcanzan unos resultados sorprendentes, reduciendo la mortalidad al 1,33% . Hebra escribe un artículo sobre las investigaciones de Semmelweis  en la revista de la Real e Imperial  Sociedad de Medicina de Viena en diciembre de 1847 y otro en abril de 1848 pero sin lograr apenas repercusión entre los especialistas . En 1849, Haller, médico de la Sociedad de Medicina de Viena, toma partido por Semmelweis y escribe "La significación de este descubrimiento para los hospitales en general y en especial para las salas de cirugía es de tal magnitud que parece digno de la máxima atención por parte de todos los hombres de ciencia".

Tabla comparativa donde se puede ver la diferencia de muertes entre la primera división de obstetricia , la de los estudiantes de medicina, y la segunda división de obstetricia que era de la que se encargaban las comadronas. En el gráfico podemos ver como el porcentaje de muertes de la primera división se disparó durante el primer año que estuvo Semmelweis, cuando comenzó a examinar con mayor detenimiento a las pacientes y lo único que lograba era facilitar la infección. Esto le remordería la conciencia durante el resto de su vida (imagen procedente de http://francoitaliano.blogspot.com )

Con el apoyo de Skoda se organiza una comisión para que se investigue los trabajos de Semmelweis  pero entonces interviene Klein, celoso de su ayudante . Como Semmelweis era de origen húngaro y en 1848 se había manifestado a favor de los revolucionarios que se habían pronunciado contra el emperador austríaco , Klein aprovecha esta circunstancia para denunciarle ante el gobierno de Viena, lo que provoca que la comisión de investigación sea suspendida y su contrato rescindido.Finalmente, primero el 15 de mayo y después el 18 de junio Semmelweis expone sus investigaciones en la Real e Imperial Sociedad de Medicina, logrando algún eco entre sus miembros, aunque muy escaso. Con el apoyo de Skoda logra un nuevo puesto pero no le dejan trabajar con mujeres vivas para seguir avanzando en sus estudios. Desesperado ante la sordera general de la sociedad médica vienesa decide abandonar la ciudad para regresar a Budapest. Uno de sus antiguos profesores y de los pocos apoyos que tenía, el profesor Hevra, escribe al conocer su marcha "Cuando se haga la Historia de los errores humanos se encontrarán difícilmente ejemplos de esta clase y provocará asombro que hombres tan competentes, tan especializados, pudiesen, en su propia ciencia, ser tan ciegos, tan estúpidos".

Mientras se producen estas discusiones, las mujeres seguían muriendo en las camas de los hospitales sin que se hiciera nada por evitarlo, por culpa de esos ciegos y estúpidos, en palabras de Hevra, especialistas que se negaban a aceptar lo evidente, prisioneros de la cadena del pasado que les impedía aceptar  cualquier idea nueva, aunque fuera razonable. Ya en Budapest ,en la primavera de 1851, visita la sala de obstetricia del Hospital San Rafael y allí contempla una escena que le servirá para despertar de la depresión que amenazaba con apoderarse de él. El cirujano que cuida de las parturientas también atiende a los pacientes con infecciones en el quirófano y va de una sala a otra sin lavarse. El resultado es que de las seis mujeres internas, una ha muerto, otra está moribunda y las cuatro restantes muy graves, todas afectadas por fiebre puerperal. Pide hacerse cargo de la sección de obstetricia y se lo conceden el 20 de mayo de 1851. Ahora ya no sólo insiste en la higiene de los estudiantes y las enfermeras y la desinfección del material quirúrgico , sino también de la ropa de la cama  y después de seis años de lucha logra que de un total de 933 parturientas  sólo fallezcan ocho.

Archivo:Ignaz Semmelweis 1861 Etiology front page.jpg
Portada de su obra "Etiología, concepto y profilaxis de la fiebre puerperal" con la que Semmelweis hacía un último intento desesperado por hacer oír su voz y convencer a las autoridades médicas de su tiempo, pero una vez más el desprecio y el silencio fueron la única respuesta. A lo largo de esta historia es como si Semmelweis hubiera chocado durante toda su vida contra un muro de incomprensión que terminó agotando sus fuerzas. Quien debía ser honrado como un gran benefactor por su descubrimiento , terminaría sus días en un sanatorio mental  

El 18 de julio de 1855 es nombrado catedrático de obstetricia de la Universidad de Pest , pero ante el ambiente hostil de muchos por lo que consideran una obsesión de Semmelweis , escribe una carta abierta dirigida a todos los profesores de obstetricia en la que podemos leer "Me habría gustado mucho que mi descubrimiento fuese de orden físico, porque se explique la luz como se explique no por eso deja de alumbrar, en nada depende de los físicos. Mi descubrimiento, ¡ay!, depende de los tocólogos. Y con esto ya está todo dicho... ¡Asesinos! Llamo yo a todos los que se oponen a las normas que he prescrito para evitar la fiebre puerperal. Contra ellos, me levanto como resuelto adversario, tal como debe uno alzarse contra los partidarios de un crimen! Para mí, no hay otra forma de tratarles que como asesinos. ¡Y todos los que tengan el corazón en su sitio pensarán como yo! No es necesario cerrar las salas de maternidad para que cesen los desastres que deploramos, sino que conviene echar a los tocólogos, ya que son ellos los que se comportan como auténticas epidemias..."

Venciendo su aversión a escribir, en 1860 publica "Etiología, concepto y profilaxis de la fiebre puerperal" defendiendo la desinfección y la higiene como medidas para evitar la fiebre puerperal. Por desgracia, una vez más, su obra sólo merece el desprecio de la comunidad científica. Desesperado, escribe al célebre obstetricia  Friedrich Wilhelm Scanzoni (1821-1891) "Si usted tiene por errónea mi teoría , le desafío a que me comunique las razones que le inducen a ello, pero si usted, señor , sin haber refutado mi teoría, sigue enseñando a sus alumnos y alumnas la doctrina de la fiebre puerperal epidémica, ante Dios y ante el mundo le acuso de asesino" y a otra de las eminencias de estos años, Philipp Franz Balthasar von Siebold (1796-1866), que también se oponía a las teorías de Semmelweis, le escribe "Los gemidos de las parturientas moribundas ahogan la voz de mi corazón. No compartir mis opiniones vale tanto como ser un asesino". Es fácil imaginar la desesperación de este hombre que sabía que estaban muriendo centenares, miles de mujeres cuyas muertes eran facilmente evitables pero nadie quería verlo, permanecían ciegos a la evidencia.



BREVE VÍDEO DEL CANAL HISTORIA SOBRE LA HISTORIA DE LA ASEPSIA Y SEMMELWEIS




Semmelweis comienza a sufrir un progresivo deterioro mental, tiene alucinaciones e incluso se ve obligado a interrumpir sus clases cuando estalla en llantos compulsivos.Llega a abrazar a una de sus hijas por la noche exlamando que alguien la quería secuestrar y asesinar. Su esposa busca la ayuda del doctor Hebra y mediante engaños consiguen llevarle a un asilo para dementes en Viena con el pretexto de que Hebra quería ver a su antiguo alumno. Cuando Semmelweis se da cuenta del engaño trata de revolverse y le ponen la camisa de fuerza. Sin embargo, Semmelweis ya llevaba la muerte en su interior, en una de sus últimas operaciones se había cortado con un bisturí , lo que le provocó la misma infección contra la que había luchado durante casi veinte años. El 14 de agosto de 1865, después de varias semanas de sufrir fiebres altas y delirios, Ignaz Philipp Semmelweis fallecía a los 47 años de edad  , víctima de la enfermedad que tanto había combatido y que aún seguiría causando la muerte de miles de mujeres en los años siguientes hasta que las teorías de Semmelweis se impusieron gracias a las aportaciones de Joseph Lister(1827-1912), Robert Koch (1843-1910) y Louis Pasteur(1822-1895), pero eso lo veremos en otro artículo

Hoy podemos ver en el Hospital  General de Viena una estatua dedicada al profesor Semmelweis con una inscripción en la que podemos leer "El salvador de las madres". Semmelweis abrió el camino para la comprensión y la prevención de las infecciones que durante siglos habían causado la muerte de millones de personas, pero nadie quiso escuchar su voz y miles de personas ,en particular de mujeres, perdieron la vida víctimas de la soberbia de unos hombres de ciencia que preferían permanecer fieles a las ideas heredadas que hacer el esfuerzo de estudiar las innovaciones que les proponía Semmelweis. Como decía el escritor español del siglo XVII Francisco de Quevedo, "Más fácil es escribir contra la soberbia que vencerla" Semmelweis pagó esta lucha con su propia cordura y con una muerte prematura ,pero la historia hizo justicia , aunque demasiado tarde para los que perdieron la vida por la ceguera de aquellos hombres que se consideraban sabios. Nadie como Ignaz Philipp Semmelweis se merece este título por el que pasará a la historia, "el salvador de madres"

La estatua en honor y homenaje de Semmelweis  erigida en Viena , junto al Hospital General en cuya sala de obstetricia estuvo trabajando. Una madre con su hijo en el regazo mira con admiración a Semmelweis que, con justicia, hoy es considerado "el salvador de las madres". Millones de mujeres debieron su vida en las décadas siguientes a la lucha de Semmelweis   
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