lunes, 9 de mayo de 2016

CONVERSACIONES CON MONTAIGNE: APRENDER A MORIR , APRENDER A VIVIR (SEGUNDA PARTE)


" En el año de Cristo de 1571 , a la edad de treinta y ocho años , el último día de febrero, aniversario de su nacimiento, Michel de Montaigne, muy cansado de las servidumbres de los tribunales y de los empleos públicos, aún entero, se retira al seno de las Vírgenes sabias, donde tranquilo y libre de toda preocupación pasará lo poco que le quede de vida , ahora ya consumida en más de la mitad. Si el destino lo permite, completará esta morada, este dulce y ancestral retiro, y se consagrará  su libertad, tranquilidad y placeres."  Este es el texto escrito en latín que se encuentra en la sala anexa a la biblioteca de Michel de Montaigne(1533-1592) situada en la torre de la fortaleza que domina sus tierras. En la primera parte  conocimos  a Montaigne y vimos como en 1571  tomaba la decisión de abandonar la vida pública para dedicarse a la administración de sus propiedades y , sobre todo, a la lectura, la reflexión y la escritura y su refugio será la biblioteca que diseñará en la que hoy es llamada la Torre de Montaigne y que es el único vestigio que queda de la antigua fortaleza ,destruida por un incendio en 1885. Ahora viajaremos hasta ella en el espacio y el tiempo para tener nuestra primera conversación con el autor de "Ensayos" pero antes conozcamos de la mano de la escritora británica Sarah Bakewell , autora de "Cómo vivir.Una vida con Montaigne" como es la torre  y la biblioteca en la que nos encontraremos con Montaigne y donde verán la luz sus escritos "Originalmente fue diseñada como defensa pero el padre de Montaigne la adaptó para usos pacíficos.Convirtió la planta baja en una capilla y añadió una escalera de caracol interior. El piso sobre la capilla se convirtió en el dormitorio de Montaigne y subiendo los escalones que había encima de su habitación se encontraba el aseo y justo encima de éste, estaba el refugio favorito de Montaigne, su biblioteca."



Otra imagen de la Torre de la Libreria o Torre de Montaigne, pues con los dos nombres se la conoce y que ya vimos en la primera parte como el único resto superviviente de la fortaleza de Montaigne que fue pasto de las llamas en 1885  . En su interior se encontraba la biblioteca, el refugio en el que Montaigne escribiría a lo largo de veinte años sus "Ensayos" . Y es ese lago período de redacción, que en realidad sólo lo detuvo la muerte , lo que hace que cuando  lees los Ensayos  encuentras contradicciones e ideas diferentes de unos ensayos a otros  pues reflejan la evolución de su autor. El propio Montaigne nos explica la naturaleza de su obra 
"Yo no retrato el ser, yo retrato el paso. No el paso de una edad a otra, sino día a día, minuto a minuto"
Es el flujo del tiempo, aquel río al que se refería el filósofo griego Heráclito (hacia 535 a.C-484  a.C)  cuando decía que ningún hombre se puede bañar dos veces en el mismo río pues en la segunda ocasión el agua del río no es la misma como tampoco lo es el hombre. Esa es la evolución que vemos en los "Ensayos", lo que la hace palpitar de vida , construyéndose en cada nuevo texto, contradiciéndose,  transformándose como hacemos cada uno de nosotros con el paso del tiempo. Sarah Bakewell menciona una expresión creada por el filósofo y  psicólogo estadounidense William James (1842-1910) y que creo que es la más apropiada para definir la naturaleza de los "Ensayos",  "flujo de conciencia", una conciencia siempre cambiante como el agua de un río que fluye sin cesar  
procedente de visites.aquitaine.fr)

Imaginemos ahora que hemos entrado en la torre, subimos por la escalera de caracol, dejamos atrás el dormitorio y el aseo y nos encontramos ante la puerta que da acceso a la biblioteca donde nos espera Montaigne .Hoy la podemos visitar en su estado actual desnuda, pero su aspecto debía ser muy diferente en vida de nuestro autor "Habría tenido todo el suelo cubierto , probablemente de juncos. En las paredes habría murales, todavía frescos. En invierno el fuego estaría encendido en la mayor parte de las habitaciones pero no en la biblioteca, que no tenía chimenea. Los días fríos Montaigne se iría a la cámara anexa (donde se encuentra el texto con el que iniciaba esta segunda parte) ,más confortable y que si contaba con chimenea" Y en cuanto al contenido de la biblioteca podemos imaginarla con sus estanterías dispuestas en curva siguiendo la forma de los muros de la torre,  llenas de libros pues  tenía alrededor de mil libros , una cifra más que considerable en aquella época, y no solo de libros sino, como os contaba en la primera parte, de todo tipo de objetos antiguos y curiosos "una cámara de las maravillas, una casa de los tesoros  repleta de libros, papeles, estatuillas, cuadros, jarrones, amuletos y curiosidades etnográficas"  Aquel era el santuario de Montaigne, un sitio donde pensar, leer y escribir sin ser molestado y al que sólo tendrían acceso los amigos a los que él quisiera invitar. Sobre éste refugio escribía el propio Montaigne "Desgraciado para mí es el hombre que no tiene un lugar en su propio hogar donde estar completamente  a solas consigo mismo, para rendirse pleitesía en privado a sí mismo y donde esconderse" . Pero hora es ya que entremos en la biblioteca y empecemos nuestra conversación con Michel de Montaigne sobre el tema que nos trae hoy aquí y que fue protagonista de uno de sus ensayos. Ya vimos en la primera parte que a Montaigne , ¿y a quien no? añadiría yo, siempre le había inquietado la idea de la muerte  y más todavía después de las pérdidas encadenadas que tuvo durante la década de 1560. La de su gran amigo Étienne de la Boétie el 18 de agosto de 1563, la de su padre Pierre Eyquem de Montaigne el 18 de junio de 1568, la de su hermano pequeño Arnaud de Saint Martin (hacia 1549-1569)  cuando sólo tenía veinte años , y en 1570 la de su primera hija con apenas dos meses de edad, y en los años siguientes perdería a otras cuatro hijas más, pues de las seis que tuvo sólo una llegaría a edad adulta.



Aspecto que ofrece hoy la biblioteca de Montaigne , con sus paredes desnudas donde antes se encontraban las librerías curvas que contenían alrededor de un millar de libros,  en el centro de la estancia la mesa y la silla en la que se ponía Montaigne para leer y escribir sus "Ensayos" . Después del accidente que casi le costó la vida y que os cuento en éste artículo , Montaigne sufrió una crisis y sintió la necesidad de seguir la recomendación de uno de sus autores preferidos, al menos de los que más cita en "Ensayos", el filósofo romano Lucioi Anneo Seneca, que exhortaba a los demás a  .Después del accidente que casi le costó la vida y que os cuento en este artículo , Montaigne sufrió una crisis y sintió la necesidad de seguir la recomendación de uno de sus autores preferidos, al menos de los que más cita en "Ensayos", el filósofo romano Lucio Anneo Séneca,  que exhortaba  a los demás a 
"Encontrarse a sí mismos"
Y afirmaba que 
"Importa mucho más lo que tú piensas de ti mismo, que lo que los demás opinen sobre ti "
Montaigne sentía que necesitaba un cambio y escribe: 
"Cortemos todos los lazos  que nos unen a los demás; ganemos para nosotros mismos la capacidad de vivir realmente solos , y de vivir de ese modo a nuestro gusto"
Pero cuando abandonó su actividad profesional el  ocio tampoco le llenaba , se sentía intranquilo
"Se le llenó la cabeza de tonterías -escribe al respecto Sarah Bakewell -igual que un campo en barbecho se llena de hierbajos . Comparaba su cerebro ocioso con el útero infértil de una mujer y describía sus pensamientos como algo parecido a las imágenes proyectadas que bailotean en el techo  cuando la luz del sol se refleja  en la superficie del agua , formando imágenes fantasiosas y ensoñaciones. Como encontraba su mente llena de estas ensoñaciones  decidió escribirlas , no olvidarlas, sino darlas forma y retenerlas a través de la palabra. De modo que cogió la pluma y así nació el primero de sus "Ensayos"   
Y a ellos  iba a dedicarse el resto de su vida   y a través de ellos se buscó a sí mismo para fortuna de todos nosotros que a través de sus palabras también podemos encontrar caminos para hallarnos a nosotros mismos. 
(Imagen procedente de www.ojodigital.com)



Pero algo más iba a suceder que le hizo plantearse tanto sus ideas sobre la muerte como la forma de conducir su vida y que le llevaría a tomar la decisión de retirarse a sus propiedades para dedicarse  su "libertad, tranquilidad y placer" como vimos que rezaba el texto de la placa que había en el anexo a su biblioteca. No sabemos exactamente cuando sucedió el encuentro que Montaigne mantuvo con la muerte , aunque debió ser entre finales de 1569 y principios de 1570. Él lo cuenta en el ensayo "Del ejercicio" , en el Capítulo VI del Libro II de sus "Ensayos". Comienza diciéndonos Montaigne que "Podemos, por costumbre y experiencia, fortalecernos contra el dolor, la vergüenza, la indigencia y otros accidentes semejantes" pero hay algo para lo que no existe forma de prepararse, la muerte, pues  "por lo que respecta a la muerte, solo podemos probarla una vez; todos somos aprendices cuando nos llega"  aunque "hay alguna manera de familiarizarnos con ella, de ensayarla en cierto modo. Podemos experimentarla , si no entera y totalmente, si al menos de forma que no sea inútil, de forma que nos haga más fuertes y seguros" Incluso el propio sueño sería un ensayo de la muerte que nos espera "pues por medio de éste (el sueño) nos enseña la naturaleza que nos ha creado igualmente para morir que para vivir" Pero en todo caso somos conscientes de que el sueño no es la muerte, por lo que para experimentarla, para acercarnos a ella solo queda otro tipo de experiencias, esas que hoy llamaríamos experiencias cercanas a la muerte "aquellos a los que , por algún violento accidente, falloles el corazón, perdiendo así el sentido, estos, a mi parecer, estuvieron muy cerca de ver su verdadero rostro (el de la muerte)"  Y Montaigne tendría su propio ensayo general de la muerte. 


En las vigas del techo que cubre su librería  Montaigne haría grabar diferentes citas en latín  o griego que podía contemplar cada vez que se tomada un descanso en la lectura o la escritura y alzaba su vista y que todavía hoy siguen hablando a todo el que se adentre en esta estancia . En la viga más cercana a su escritorio se encontraba una cita del comediógrafo romano Publio Terencio (siglo II a. C) que bien podría ser el lema que gobernó la vida de Montaigne  y que le impulsó a escribir los "Ensayos". Aquella cita decía en latín
"Homo sum;humani nihil a me alienum puto"
Es decir 
"Hombre soy; nada humano me es ajeno"
(Imagen procedente de commons.wikimedia.org )




"Habiendo ido un día a pasearme  a una lengua de mi casa -recuerda Montaigne-  que está situada en  el meollo de toda la agitación de las guerras civiles de Francia (se refiere aquí a las guerras de religión que enfrentaban a católicos y hugonotes), pensando estar totalmente seguro . cogí un caballo cómodo" Montaigne da su paseo acompañado por algunos de sus criados  como era habitual en el siglo XVI en el que rara vez se viajaba solo aunque fuera para dar un paseo,  uno de sus hombres " alto y fuerte,montado en un poderoso rocín, para hacerse el atrevido y sacar ventaja a sus compañeros dio en azuzarlo como una flecha en dirección mía" y arrolló a su señor como nos cuenta Montaigne con su particular sentido del humor  "abalanzose como un coloso sobre este hombrecillo y su caballito y el resultado fue que nos lanzó a uno y a otro (jinete y caballo) con las patas por alto " con su caballo  "derribado y tumbado, muy aturdido" y a Montaigne "muerto, tendido boca arriba, con el rostro lleno de arañazos  y magulladuras, sin más  movimiento que un tocón" Sus hombres ,consternados, tratan de reanimarlo e intentan llevarlo a su castillo . Después de dos horas privado del conocimiento y cuando ya le daban por muerto "empecé a moverme y a respirar. Pusiéronme de pie y devolví entonces un cubo entero de sangre pura" y lo seguirá haciendo durante todo el camino  "mis primeras sensaciones estaban mucho más cerca de la muerte que de la vida" y se sentía tan débil que "parecíame que sólo me quedaba vida en los labios" pero lejos de sentir temor ante lo que creía que era la llegada de la muerte lo que en esos momentos sentía Montaigne era "esa dulzura que sienten los que se deslizan al sueño" Montaigne se siente flotando, despegado de la realidad, aunque cuando por fin llegan a su casa y ante la alarma de su familia "no sólo respondí algo a lo que me preguntaban  , sino que incluso dicen que me apresuré a ordenar que dieran  un caballo a mi  mujer" pero él apenas es consciente de ésta situación,es como si fuera otro el que habla "eran pensamientos vanos, nebulosos, producidos por los sentidos de la vista y del oído, pero no provenían de mi".


Imagen virtual del aspecto que tendrían las paredes de la librería de Montaigne dispuestas en forma circular siguiendo la línea de la pared de la torre.y que permitían a nuestro escritor ver todos sus libros, alrededor de un millar,  de  un solo vistazo. Como escribe el crítico y teórico de literatura  alemán George Steiner (1929) al referirse a éste refugio donde Montaigne leía, pensaba y escribía:  
"Montaigne hizo de su torreón un santuario de fértil aislamiento. Poblaba sus silencios con la voz de sus libros"
Y ese diálogo con sus libros se manifiesta en los "Ensayos"  sembrados de versos y citas de autores de todos los tiempos, en particular de los clásicos , hasta convertirlos en una polifonía donde nos parece escuchar todas sus voces mostrándonos nuevos caminos que puede seguir nuestro pensamiento. En todos los "Ensayos"  hay más de mil trescientas citas de diferentes autores 
Imagen procedente de pierrickauger.wordpress.com )

Montaigne nos describe una  laxitud e indiferencia hacia todo casi placentera "era mi estado muy dulce y apacible en verdad; no sentía aflicción  alguna ni por los demás ni por mí mismo; era una languidez y debilidad extrema, sin dolor alguno" Acepta de tan buen grado la llegada de la muerte que rechaza todos los remedios que le quieren dar "habría sido , a decir verdad, una muerte muy venturosa, pues la debilidad de mi juicio me impedía darme cuenta  de nada , y la del cuerpo, sentir nada " Fue sólo cuando empezó a recobrarse unas horas más tarde cuando " sentí como me invadían los dolores, pues tenía los miembros molidos y magullados por la caída; y tan mal estuve dos o tres noches después , que pensé morir otra vez, más que muerte más viva" hasta que nos cuenta como de repente tomó plena conciencia de lo que había sucedido y "pareciome  que era un relámpago el que me sacudía el alma y que volvía de otro mundo".Concluye su relato de éste episodio crucial en su vida contándonos la razón de que lo ponga en nuestro conocimiento "Harto vano sería este relato de acontecimiento tan liviano si no fuera por las enseñanzas que de él saqué para mí; pues, ciertamente, estimo  que para familiarizarse con la muerte no hay sino haber estado cerca de ella. Y como dice Plinio (se refiere al escritor y científico romano Plinio el Viejo(23-79)), cada cual es para sí mismo muy buena materia de estudio , con tal de que tenga la capacidad de observarse de cerca. No se trata aquí de mi ciencia, sino de mi estudio; y no se trata de la lección de otros, sino de la mía" Aquella experiencia próxima a la muerte,en la que llegó a creer que ésta era inevitable, le cambió la vida. Dejó, como sabemos, su puesto de magistrado en Burdeos y , como escribe Sarah Bakewell, "hacia la mitad de su vida , Montaigne dejó su comportamiento habitual y se sintió renacido"  ¿Qué enseñanzas extrajo Montaigne de aquel episodio? Él mismo abre su libro "Ensayos"  y nos muestra  el título del Capítulo XX del Libro I, "De como filosofar es aprender a morir" donde Montaigne subraya la necesidad de  no dar la espalda a la muerte, ya que ella no nos dará la espalda a nosotros, y en ese sentido cita estos versos del poeta romano Quinto Horacio Flaco  (65-8 a.C) "Todos vamos allá: se agita en la



Estatua dedicada al poeta romano Quinto Horacio Flaco (65-8 a.C) en su ciudad natal, Venosa, donde nació un 8 de diciembre del 65 a. C.  autor de la expresión convertida en un lema a través de los siglos y que aparece en sus "Odas"
"Carpe diem, quam minimum credula postero"
Que significa 
"Aprovecha el día , no confíes en el mañana" 
Que expresa esa idea de lo efímera que es la vida y lo necesario que es aprovechar el momento presente   que  encontramos a lo largo del ensayo de Montaigne , que él resumen  en el proverbio popular 
"No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy"
Pues nadie tiene asegurado el día de mañana, como nos recuerda Séneca
"Ninguno es más frágil  que otro; ninguno tiene más seguridad para el día de mañana"
Porque la muerte acecha en cualquier lugar  y momento, como nos recuerda Horacio
"Piensa que cada día te ha amanecido como el último" 
Y por ello  , reflexiona Montaigne
"No sabemos dónde nos espera la muerte ; esperémosla en cualquier lugar. La premeditación de la muerte  es premeditación de la libertad. El que aprende a morir, aprende a no servir. El saber morir nos libera de toda atadura y coacción. No existe mal alguno en la vida para aquel que ha comprendido que no es mal la pérdida de la vida"
Por eso se ríe el filósofo Sócrates cuando  le comunican que ha sido condenado a muerte por los Treinta Tiranos a lo que el filósofo responde: 
"Y a ellos la naturaleza"
Su jurado estaba tan condenado a muerte como el mismo Sócrates, lo esencial es haber aprovechado nuestros días de vida hasta que llegue ese momento  final: 
"Si habéis aprovechado la vida - escribe Montaigne - estáis saciados, idos satisfechos"
Aunque personalmente creo que nunca seré capaz de irme satisfecho de la vida y siempre querré un día más     
(Imagen procedente de augusto-imperator.blogspot.com )


En nuestra época como en la de Montaigne , aunque creo que más intensamente en la nuestra,  procuramos no hablar de la muerte, se la oculta pero haciéndolo no evitamos el miedo que sentimos por su carácter inexorable y nada conseguimos porque "si nos causa miedo -nos dice Montaigne-, la muerte es motivo continuo de tormento que no puede aliviarse de ninguna forma" Cuando leía sus palabras sobre el temor que el habitante del siglo XVI sentía hacia la muerte, ante la simple pronunciación de la palabra, reconocía en ellas a nosotros, a nuestras sociedades "Asústanse las gentes - escribe Montaigne del hombre de su tiempo , y, tal vez , de todos los tiempos - solo con oír nombrar a la muerte y los más persígnanse  como si del nombre del diablo se tratara. Y porque se la menciona en los testamentos, no esperéis que se pongan manos a la obra como no les haya dado el médico su sentencia postrera" , un reparo que me puedo aplicar a mi mismo, que he evitado redactar eso que llamamos "últimas voluntades" por saber que cuando fuera leído yo ya no estaría aquí. Y como con humor señala Montaigne, si se espera al momento postrero para redactarlo cuando ya la enfermedad ha hecho presa y la muerte se aparece como una realidad  cercana "sabe Dios entonces, entre el dolor y el espanto, con que buen juicio os lo enjareten" También entonces se echaba mano del eufemismo para evitar la misma palabra de muerte o muerto, "Por hacerles daño al oído este nombre y parecerles malhadado  este vocablo, en vez de decir "ha muerto" dicen "ha dejado de vivir" Todos pensamos que nuestra propia muerte se halla todavía muy lejos y pensamos, como dice Montaigne , que "locura sería estorbarnos el pensamiento de cosa tan lejana"  e incluso aunque ya contemos nuestros años por canas  "no hay hombre tan decrépito  que no piense que aún le quedan veinte años" sin pensar que "los viejos y los jóvenes dejan la vida igual y todos la abandonan como si acabaran de entrar en ella" Pues cuando la muerte llega poco consuelo es , cuando asistimos a su fin.


"In ictu Oculi" obra realizada hacia 1671 por el pintor barroco español Juan de Valdés Leal(1622-1690).  "In ictu Oculi" es una expresión latina que significa "En un abrir y cerrar de ojos", haciendo referencia a la brevedad de nuestras vidas, un tema muy habitual en el Barroco,   que se apaga con la misma facilidad que la Muerte, que en ésta impactante imagen aparece representada como un esqueleto que sujeta en uno de sus brazos la guadaña y un féretro, apaga con su mano la llama de la vela que representa nuestras vidas. Incluso las vidas más longevas son efímeras como escribe Montaigne citando al filósofo griego Aristóteles(384-322 a.C) 
"Dice Aristóteles que hay pequeños animales  en el río de Hypanis que sólo viven un dí; el que muere a las ocho de la mañana ,muere joven; el que muere a las cinco de la tarde, muere decrépito ¿Quién de nosotros no se burlará al pensar  en considerar ventura o desventura  ese momento de duración? De la misma forma la mayor o menor duración  (de la vida)  en la nuestra, si la comparamos con la eternidad o incluso con la duración de las montañas, de los ríos, de las estrellas, de los árboles y hasta de algunos animales,  no es menos ridículo "
No importa tanto la duración de la vida como el uso que hagamos de ella   por eso nos dice Montaigne
"De vuestra voluntad depende, y no del número de años , el vivir bastante"    
(Imagen procedente de https://es.wikipedia.org )



Por lo tanto, sabiendo que es inexorable, que no escaparemos a ella  que "es la muerte la meta de nuestra carrera "  de nada nos sirve evitar pensar en ella o incluso mencionarla. "El remedio del común de los mortales - observa Montaigne - es no pensar en ella. Mas, ¿de qué brutal estupidez puede venir tan burda ceguera?Hay que embridar  al asno por la cola" que es un equivalente a la expresión tan española de "agarrar el toro por los cuernos", es decir, hacer frente a la cuestión sin rehuirla. Bien nos dice que "Si fuera enemigo evitable yo aconsejaría tomar las armas de la cobardía " pero cita de nuevo a Horacio que  nos recuerda que da igual que tratemos de ignorarla como si así fuera a olvidarse de nosotros porque "también corre la muerte  tras quien huye y no respeta las cobardes piernas  o espaldas del mal soldado" así que el consejo de Montaigne es que  "aprendamos a hacerle frente a pie firme y a combatirla" y para ello , en lugar de evitarla pensemos en ella, "que no nos sea extraña , tratémosla, frecuentémosla. En las fiestas y en la alegría tengamos siempre presente este estribillo del recuerdo de nuestra condición" ¿Os acordáis del Memento Mori que veíamos en la primera parte? No se trata  de vivir obsesionado con ella, muy al contrario,  se trata de ser conscientes de ella para aprovechar el momento presente  "Piensa que cada día  te ha amanecido como el último -escribe Horario - Grata sobrevendrá la hora que no se espere" y recordemos que también pertenece al poeta Horario la célebre expresión latina "Carpe Diem", "Aprovecha el momento", que puede resumir lo que tanto Horacio como Montaigne nos quieren decir cuando nos piden que tengamos presente la muerte incluso en nuestros momentos de mayor alegría, no para que la empañe, sino para que la vivamos con más intensidad.


Retrato del filósofo estoico  Lucio Anneo Seneca (4 a.C - 65 d.C) realizado por el pintor Pedro Pablo Rubens (1577-1640) al que cita con frecuencia Montaigne  y cuya actitud ante la muerte inspira en buena parte la del propio Montaigne en cuanto a la idea de estar alerta, despierto para que el momento presente no se nos escape entre las manos sin haberlo vivido por estar preocupados por el mañana. La vida no es mañana, es aquí y ahora, el Carpe Diem de Horacio. Así nos dice Séneca: "La mayor rémora de la vida es la espera del  mañana y la pérdida del día de hoy.  No causará (la vida)  conmoción alguna  para recordarte su rapidez , sino que se deslizará silenciosamente. ¿Y cual será el resultado? Te habrás preocupado , y mientras la vida se habrá apresurado . Entre tanto, la muerte llegará y tú no podrás elegir si estás dispuesto para ella o no"
La forma que tenía Montaigne de vivir cada momento con intensidad. sabiendo que es imposible detener  su fluir , era observar todo lo que le rodeaba , asombrarse incluso ante las cosas más cotidianas, y atraparlas con sus palabras. Así nos lo explica Montaigne
"Quiero incrementar su peso (de la vida), quiero detener la velocidad de su fuga mediante la velocidad con que la aferro. Cuanto más breve es mi posesión de la vida , más profunda y plena debo hacerla"
O , como diría en otro ensayo, algo en apariencia tan sencillo pero tan difícil en la realidad como es vivir plenamente cada momento
"Cuando bailo, bailo; cuando duermo, duermo"Algo que creo que debemos recuperar hoy en nuestras vidas dominadas por eso que llamamos "multitarea", que es estar en varias cosas a la vez y , me temo, que en ninguna de ellas en plenitud
(Imagen procedente de https://es.wikipedia.org)  


Consciente es nuestro escritor de como estas ideas nos deben al principio incomodar e incluso atemorizar "Es imposible que no sintamos ciertos escalofríos de entrada con semejantes pensamientos pero a la larga sin duda los domesticamos" y precisamente es la consciencia de nuestra muerte lo que nos lleva a actuar, a vivir en plenitud ¿por qué vamos a tener miedo a nada si sabemos que "sanos o febriles, en el mar o en casa, en la guerra o en la paz  está la muerte igual de cerca de nosotros"? Y puesto que la muerte está presente no dejemos de vivir por otros miedos irrisorios en comparación como el temor al ridículo, a fracasar , a asumir riesgos , pues son  esos miedos , y no la muerte, lo que nos impide vivir. Hagamos como Montaigne  que "repítome sin cesar este cantar "No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy" De nuevo el Carpe Diem, vivir el momento. Ya que la muerte es parte de nosotros huir de ella es huir de nosotros mismos, mientras que aceptarla como algo natural es quitarle su poder  pues "¿Hay razón -se pregunta Montaigne- para temer durante tanto tiempo algo tan breve?" y esa ausencia de temor ante la parca "es la auténtica y soberana libertad que nos permite hacer la higa a la violencia y a la injusticia y burlarnos de las prisiones y grilletes" . Y aquí nos pone el ejemplo del filósofo griego Sócrates (470-399a.C) que cuando le anunciaron  "Los treinta tiranos te han condenado a muerte" el filósofo,imperturbable , respondió "Y a ellos la naturaleza" No temamos a la muerte, nos dice Montaigne,  pues la muerte "ni muertos ni vivos os concierne;vivos porque lo estáis; muertos porque ya no estáis"  y como escribe el poeta romano Lucrecio "Nadie a sí y a la vida echa de menos ni molesta la falta de existencia" pues cuando ya no estamos nada podemos echar de menos.


Este es el lema que en 1576 Montaigne hizo grabar en el reverso de una medalla donde podía leerse
"¿Qué sé yo?"
Una pregunta con la que Montagine representaba la necesidad de cuestionar todo lo que nos rodea  pues a través de la duda  y lejos de los dogmatismos podemos avanzar en la búsqueda de la verdad incluso aunque no tengamos la promesa de hallarla. . La balanza que acompañaba al lema en latín con los platos en equilibrio podrían simbolizar la búsqueda del equilibrio personal o bien lo difícil que es juzgar las cosas con equidad, de hallar el punto de equilibrio.
Y para cuestionarnos sobre todo aquello que nos rodea nuestra mejor herramienta es la filosofía y en su ensayo
"De como filosofar es aprender a morir" escribe en su inicio:
"Dice Cicerón que filosofar  no es sino prepararse a morir; y esto es porque el estudio y la contemplación  separan algo nuestra alma de nosotros y ocúpanla  aparte del cuerpo, lo que supone cierto aprendizaje  y parecido con la muerte , o bien,  porque toda la sabiduría  y el discernimiento del mundo se reduce al fin a este punto , a enseñarnos a no temer a la muerte"  
Y Montaigne estaba convencido de que:
"Aquel que enseñe a los hombres a morir, enseñaríales a vivir"
Y también creía que aquella experiencia cercana a la muerte que le tocó vivir hacia 1570  le había ayudado a tener una cierta indiferencia hacia la muerte precisamente por su proximidad pues
"A menudo nos parecen las cosas más grandes de lejos que de cerca. Heme percatado que , estando sano, horrorizábanme mucho más las enfermedades que cuando las he padecido. Espero que me ocurra otro tanto con la muerte"     

(Imagen procedente de https://fr.wikipedia.org)



Reflexiona Montaigne que buena parte del temor que albergamos ante la llegada de la muerte no es tanto la muerte en si como la parafernalia con la que la rodeamos "En verdad creo que nos asustan más que ella los horribles semblantes  y ceremoniales  con los que la rodeamos.Los gritos de las madres , de las mujeres y de los niños, la visita de personas afectadas y turbadas , la asistencia  de criados pálidos y llorosos, una habitación sin luz, unos cirios encendidos, nuestra cabecera asediada por médicos y predicadores; todo es, en suma, horror y espanto a nuestro alrededor. Henos ya sepultados y enterrados" y por eso exclama "¡Feliz muerte aquella que priva de la posibilidad de preparar tal pompa"  Así concluye Montaigne éste ensayo acerca de la muerte y también de la vida, pues ambas están unidas y no se entienden la una sin la otra.Al leerlo no puedo dejar de pensar ¿cuales serían los últimos pensamientos de Montaigne antes de morir?¿no temió su llegada?¿la aceptó con el estoicismo del que escribe "¿Por qué temes tu último día?No atañe a tu muerte más que los demás. Todos los días van hacia la muerte, el último la alcanza"?  Hoy , creo que incluso más que en tiempos de Montaigne, eludimos el tema de la muerte ¿para que amargarnos la vida  con algo que sabemos que sucederá de todos modos? Hasta los cementerios han dejado de estar junto a las poblaciones, no como en el pasado cuando "los cementerios estaban junto a las iglesias y en los lugares más frecuentados de las ciudades para acostumbrar al pueblo de nuestra condición" 



Dibujo de Montaigne  del grabador neerlandes Thomas de Leu (1560-1612) para una edición de los "Ensayos" publicada en 1608, quince años después de la muerte  del escritor. . Una muerte que no fue plácida .Montaigne sufría de ataques de piedra, lo que sucede cuando tienes piedras o cálculos renales que impiden el paso de la orina causando intensos dolores. Normalmente la piedra termina moviéndose dejando pasar la orina y el dolor cesa. Pero en septiembre de 1592 la piedra no se movió, el dolor no cedió y además vino acompañando por  una infección, su cuerpo se hinchó  y la infección alcanzó la garganta  que se fue cerrando cada vez más  haciendo que su respiración fuera cada vez más dificultosa. Escribe Bakewell de estos últimos días de Montaigne
"La habitación de Montaigne se convirtió  en marco de la típica escena junto al lecho de muerte, abarrotada de gente, algo que él siempre había querido evitar. Esos rituales hacían la muerte mucho peor de lo necesario : no servían para otra cosa que para aterrorizar al moribundo y a todos los que le rodeaban. Los médicos y sacerdotes inclinados  sobre el lecho, los visitantes deshechos por el dolor, los sirvientes pálidos y sollozantes, la habitación sin luz, las velas encendidas , todo es horror y espanto. Aquello estaba muy lejos de la muerte sencilla , incluso distraída que él habría preferido"
En su ensayo "No se ha de juzgar nuestro destino  hasta después de la muerte" Montaigne citaba estos versos del poeta romano Publio Ovidio Nasón (43 a.C - 17 d.C) sobre el postrero día de nuestra existencia
"Pero ciertamente siempre se ha de esperar 
el último día del hombre , y nadie debe ser llamado 
feliz antes de la muerte y de las últimas exequias"
Y a ello añadía Montaigne:
"Se han de probar en la piedra de toque de este último trance todas las demás acciones de nuestra vida. Es el día maestro, el día juez de todos los demás: es el día, dijo un clásico , que ha de juzgar  todos mis años pasados. Entrego a la muerte la prueba del fruto de mis estudios. Veremos entonces si mis discursos  nacen de mi boca o de mi corazón"
Quiero pensar que en su último aliento Montaigne sintió aquella dulce placidez que le invadió la primera vez que estuvo a las puertas de la muerte.                
(Imagen procedente de https://fr.wikipedia.org)


Sin embargo, creo que la lección que puedo extraer de éste ensayo, la misma que Montaigne extrajo de su experiencia próxima a la muerte , como la de tantas otras personas que también han estado en esa misma situación extrema, es que la muerte nos permite apreciar y valorar la vida y en lugar de vivir temerosos de los muchos peligros que nos acechan, como antes o después alguno de esos peligros nos alcanzará , vivamos sin miedo a arriesgar, sin temor a lo que pueda pasar , seamos valientes y , como decía el escritor español Miguel de Unamuno (1864-1936), si la muerte nos encontrará ineluctablemene, "hagamos que nuestro aniquilamiento sea una injusticia" porque eso significará que hemos tenido una vida rica e intensa y podremos dejar la vida como el comensal que se levanta de la mesa satisfecho después de haber disfrutado de los manjares que se le ofrecieron . Nada hay más personal que la muerte, que nos afecta a todos pero cada uno la vivirá de  un modo diferente y de una manera intransferible .Creo que la esencia del mensaje de Montaigne es que vivamos ahora, que no tengamos miedo a lo que suceda, no aplacemos los sueños, las esperanzas, los proyectos,  para otro momento, porque el momento es ahora. En todo caso, no pretende darnos lecciones, Montaigne no trata de ser nuestro maestro , sino que nos transmite su experiencia y nos proporciona argumentos para reflexionar sobre ellos y cada uno de nosotros tiene que buscar sus propias respuestas. Antes de abandonar por hoy la librería de la vieja  torre, Montaigne nos estrecha la mano y, como un viejo amigo, nos despide con un último consejo "Sea cual sea el momento en que vuestra vida termine, estará completa. La utilidad  del vivir no está en su duración sino en su uso:alguno ha vivido largo tiempo y ha vivido poco: aplicaos a ella mientras podáis. De vuestra voluntad depende , y no del número de años , el vivir bastante. ¿Pensastéis alguna vez no llegar allí donde ibais sin cesar?Además, no existe camino que no tenga salida" Y acompañados por la luz encarnada del atardecer, nos alejamos del castillo de Montaigne, mientras nuestro nuevo amigo moja el cálamo en tinta y después de una última mirada por la venta , con una sonrisa, inclina la cabeza ,y se sumerge en la escritura, tal vez sin ser consciente que, como escribe el poeta español Álvaro Muñoz  Robledano en el prólogo de los "Ensayos" que tengo sobre mi mesa,  sus palabras son las de uno de esos pocos hombres que cambiarán la forma de ver el mundo. Y si al lector le interesa lo que aprendí leyendo este ensayo yo lo resumiría con estas palabras de Montaigne "La vida debe ser un objetivo en sí misma", nada hay más importante que vivir, no permitamos que se nos escapen nuestros días sin haberlos vivido.  Y nunca es tarde para hacerlo. 

Enlace con la primera parte de "Conversaciones con Montaigne: Aprender a morir, Aprender a vivir"
http://chrismielost.blogspot.com.es/2016/05/conversaciones-con-montaigne-aprender.html  



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