lunes, 15 de julio de 2013

LAS BEGUINAS, MUJERES LIBRES EN LA EDAD MEDIA

El monje benedictino  inglés Mateo París(hacia 1200-1259), historiador y un hombre crítico con el lujo de la corte pontificia , escribía en el año 1250 "Ha surgido en Alemania una multitud innumerable de mujeres célibes que se llaman a sí mismas beguinas. Sólo en Colonia viven un millar o más". Ocho siglos más tarde, el pasado 14 de abril de este año 2013 los periódicos se hacían eco de la muerte a los noventa y dos años de edad de edad de Marcella Pattyn(1920-2013), una mujer de nacionalidad belga que era la última representante de un movimiento religioso nacido en el siglo XIII y que había sobrevivido a lo largo de ochocientos años, las beguinas, aquel al que se había referido Mateo París. Fue uno de los movimientos religiosos más singulares de la historia porque sus protagonistas eran mujeres que adoptaban la decisión de dedicar su vida a los demás pero sin por ello ingresar en un convento ni someterse a la autoridad de una abadesa o una madre superiora, ni tampoco, lo que aún era más singular y extraño en esa y en casi todas las épocas hasta la llegada del siglo XX, a la autoridad de ningún hombre. ¿Quiénes eran las beguinas, de las que Marcella Pattyn era su última representante y de la que Mateo París advertía a mediados del siglo XIII de su rápida expansión? Primero tenemos que acudir a la figura de Tomás de Aquino (1224-1274), teólogo y filósofo y una de las figuras intelectuales más importantes de la historia de la Iglesia Católica, cuyo pensamiento conciliaba la fe y la razón, el dogma y la filosofía, pero  también encontramos en él y sus palabras la visión dominante en el mundo medieval sobre las mujeres y su papel en la sociedad.
 
Marcella Pattyn había nacido en la colonia belga del Congo y en 1941, a los veintiún años había ingresado en el beguinato de   Saint Elisabeth en Gante (Bélgica), que en aquel momento reunía todavía a 260 mujeres. Ya en 1960 se trasladó al beguinato de Kortrijk donde sobrevivía la última comunidad de beguinas, formada por otras ocho mujeres.  Murió el 14 de abril de 2013 mientras dormía .Ella sería el último eslabón de un movimiento religioso que había sobrevivido a la persecución religiosa, a las acusaciones de herejía, a la desconfianza de un mundo masculino ante una comunidad de mujeres que vivían independientes y se valían por si mismas, viviendo de lo que obtenían de su trabajo y ayudando a los más necesitados . Rompían los esquemas de aquella sociedad patriarcal donde incluso alguien de dotes intelectuales tan elevadas como Tomás de Aquino escribía " Como individuo, la mujer es un ser endeble y defectuoso." y aunque también es cierto que no es justo sacar una frase fuera de su contexto, pero era el tono dominante en el pensamiento medieval hacia la mujer , una losa muy difícil de levantar , aunque las beguinas lo lograron aunque no sin pagar un precio por ello, la persecución a partir del siglo XIV de muchas de sus comunidades (Imagen procedente de http://www.obitoftheday.com
 
Escribía Tomás de Aquino que "La mujer necesita al marido no sólo para la procreación y la educación de los hijos, sino también como su propio amo y señor, pues el varón es de inteligencia más perfecta y de fuerza más robusta, es decir, más virtuosa" , la mujer era un ser inferior que debe ser tutelado por el hombre , una opinión que no sólo sostenía Tomás de Aquino ni la Iglesia Católica, y que tampoco se circunscribe a la época medieval, pues  desde la antigua Grecia la mujer jugaba un papel marginal en la sociedad, limitado casi en exclusiva a la procreación y el cuidado del hogar y sólo determinados casos excepcionales podían escapar a ese destino, pero eran figuras aisladas que por la concurrencia de determinadas circunstancias las permitía librarse de la subordinación al hombre pero sólo era posible si pertenecías a las clases aristocráticas o a la realeza , para las demás mujeres no había ninguna alternativa, o el matrimonio sometida al marido o la Iglesia sujeta a las reglas eclesiásticas, pero en ningún caso libertad, aunque también es cierto que el concepto de libertad tal y como lo concebimos hoy fue algo casi desconocido para todo aquel que no perteneciera a la nobleza o dispusiera del suficiente dinero.A estas sociedades patriarcales sólo habían escapado durante siglos las sociedades escandinavas, los vikingos, donde el hombre y la mujer vivía en plano de igualdad, al menos hasta la evangelización y adopción del cristianismo como su nueva religión. Pero a finales del siglo XII, en la ciudad belga de Lieja se forman las primeras comunidades de mujeres que , sin ingresar en la Iglesia, se consagraban a Dios,  adoptaban voluntariamente  el celibato  y dedicar sus vidas a obras de caridad y al cuidado de los enfermos , los pobres y los más débiles. Su creación , aunque no hay acuerdo sobre ello entre los historiadores, se atribuye a un sacerdote de esta ciudad llamado Lambert le Bègue, de donde procedería el nombre de Beguinas, un termino despectivo con el que se referían los ciudadanos a aquellas primeras comunidades de mujeres independientes. 
 
Estas mujeres, que en su mayor parte procedían de clases acomodadas, de la incipiente burguesía que se extendía por Flandes, aparcaban su vida cotidiana y las relativas comodidades que las rodeaban para irse a vivir a pequeñas casas situadas casi siempre cerca de hospitales y leproserías para poder ayudar a atender a los enfermos. Por eso las ciudades donde se extendería con mayor rapidez, como la propia Lieja, Brujas o Gante, eran también ciudades con un comercio desarrollado y una buena situación económica donde existía ese sector de la sociedad con condiciones de vida más prósperas y que podían permitirse esta vida independiente. En un primer momento las acompañaban familiares, ya que era muy extraña a la cultura medieval que las mujeres dejaran a la familia para vivir solas o en compañías de otras mujeres , pero  poco a poco se constituyeron en comunidades de mujeres piadosas, que en principio fueron bien vistas por la Iglesia. Además, su labor abnegada en favor de los enfermos no tardó en ganarse también la simpatías de ciertos sectores de la nobleza que comenzaron a apoyarlas económicamente e incluso comenzaron a financiar la construcción de pequeñas poblaciones dentro de las ciudades, los beguinatos. Era lo más parecido a una comuna que podemos encontrar en la Edad Media, donde las beguinas ingresaban voluntariamente y también podían abandonarlo en el momento que consideraran oportuno. Su vida se regía por el Evangelio pero sin una regla articulada, como sucedía en las ordenes religiosas. Se financiaban tanto por las ayudas que recibían de sus simpatizantes como de la venta de su trabajo, ya que dedicaban gran parte de sus jornadas a coser, y también al cultivo de los huertos.


Fotografía del Beguinato de Brujas , uno de los trece que  en 1998 fueron declarados Patrimonio Mundial de la Humanidad . También reciben el nombre de beaterios y podía tratarse de una sencilla celda, de una casa o , como en la fotografía, de una auténtica ciudad dentro de la ciudad , que solían estar separadas del resto de la ciudad por un muro para preservar su intimidad . La originalidad de los beguinatos es que en ellos las mujeres escapaban a la vez del ámbito doméstico en el que la mujer tenía que consagrarse al cuidado del hogar, el marido y los hijos, y también del ámbito de la vida conventual, donde eran las estrictas reglas religiosas las que determinaban su vida. Aquí no era así, vivía en una comunidad de mujeres donde todas eran iguales, donde ningún voto la obligaba a permanecer allí contra su voluntad, donde podía desempeñar un oficio y vivir de ello al tiempo que se consagraba a ayudar a los pobres y a los enfermos. Una auténtica ciudad de las mujeres, una reivindicación de la condición femenina en el mundo masculino medieval, aunque ellas no hicieran conscientemente esta reivindicación sino que querían vivir su espiritualidad de una forma diferente . La Iglesia trataría de reconducirlas a la vida monástica, sujetas a las leyes de las diferentes órdenes religiosas (Imagen procedente de http://uncajonrevuelto.com )  
 
 
 
Estos pequeños enclaves de independencia femenina solían disponerse en forma circular, con un patio central donde se encontraba el huerto y protegidos por una muralla que las aislaba del exterior. No utilizaban ningún uniforme que las distinguiera y aunque el celibato era una de las condiciones para formar parte de la comunidad, era siempre un acto voluntario, pues cuando la mujer quería casarse abandonaba la comunidad y se reintegraba a la vida normal. Como veíamos al principio, ya a mediados del siglo XIII llamaba la atención el éxito y la rápida expansión de las beguinas , que para entonces ya se encontraban en Alemania, en Francia, en Austria en Polonia, en Italia  y que también llegarían a lo que hoy es España, los reinos de Castilla y de Aragón, aunque donde con más éxito se establecieron fue en la ciudad alemana de Colonia, donde mucho después de la desaparición de otras comunidades, aún se las encontraba en buen número en el siglo XVIII. Pero como podéis suponer esta independencia de la mujer no era bien vista por la mayoría de hombres, y las críticas no tardaron en aparecer, entre ellas la que más daño las podía hacer, calificarlas de herejes. Así, en 1273 , el obispo de la ciudad de Olomuc, en la actual República Checa, Bruno von Schauenburg (1205-1281), denunciaba la libertad de la que gozaban las beguinas , independientes del poder civil y religioso , libres de las obligaciones  y obediencias debidas a los sacerdotes y a los esposos e instaba al papa Gregorio X (hacia 1210-1276)  a que pusiera fin a esta situación escribiendo al pontífice que había que "Obligarlas a casarse o integrarlas en una orden aceptada"
 
También surgieron paralelamente a estas comunidades femeninas otras masculinas, los begardos, alimentadas por el mismo espíritu de ayuda al necesitado , manteniéndose tanto unos como otros dentro de la ortodoxia católica  pero a pesar de ello a menudo se les confundía con otros movimientos que si eran contrarios a esta ortodoxia, como los Hermanos del Libre Espíritu , surgidos también en Flandes en el siglo XIII , que entre otras cosas rechazaban la noción de pecado y con ello la necesidad de los sacramentos y de someterse a ninguna regla religiosa , afirmando también que Dios se hallaba en todas las cosas y abogando por prácticas tan exóticas para el medievo como el nudismo o el amor libre. Que algunos movimientos más extremos de las beguinas y begardos pudiera ser asociado con ellos no ayudó en nada a su causa, aumentó la animadversión de la jerarquía eclesiástica hacia el movimiento .  En la primera década del siglo XIV una beguina francesa, Marguerite de Porète (hacia 1250-1310), publicaba un libro titulado "El espejo de las almas simples"  en la que defendía el contacto directo del creyente con Dios sin necesidad de contar con el clero como intermediario. Como no podía ser de otra forma la Iglesia no dudó en declararlo herético y ordenar que la obra fuera pasto de las llamas , no sólo por ese contenido herético sino por escribirlo en la lengua vulgar, el francés, y no en latín, lo que era otro delito. En realidad, las beguinas solían escribir en sus lenguas vernáculas y hoy se las considera entre las fundadoras de la literatura en las lenguas vulgares,  como el francés, el alemán o flamenco.  Pero Marguerite se negó a dejar de escribir sobre esta doctrina a pesar de las advertencias de la Iglesia y finalmente fue detenida y juzgada por la Inquisición, dirigiendo la acusación el Gran Inquisidor de Francia, Guillaume de París. Después de un año y medio en prisión se celebró el juicio en el que Marguerite rechazó abjurar de lo que había escrito por lo que fue condenada a morir en la hoguera, sentencia que fue cumplida el 1 de junio de 1310.


Las beguinas no sólo se consagraron a la ayuda a los más débiles sino que también fueron pioneras en el uso de las lenguas nacionales en detrimento del latín que era entonces la lengua culta en la que se escribían todas las obras literarias. Precisamente los escritos de místicas beguinas como Marguerite de Poète , Matilde de Magdeburgo (1207-1282) o Hadewijch de Amberes (vivió durante el siglo XIII) hizo nacer en la Iglesia el temor a que desarrollaran su propia visión de la religión apartada de la ortodoxia católica , iniciándose su persecución a partir del Concilio de Vienne en 1312. Una de las pocas mujeres célebres contemporáneas de las beguinas, la escritora Christine de Pisan (1364-1430) , en su obra "La ciudad de las damas" escribía "La excelencia o la inferioridad de los seres no residen en sus cuerpos según el sexo , sino en la perfección de sus conductas y virtudes"  una frase tan moderna que podría haber sido pronunciada hoy y que entre el siglo XIV y XV eran todo un desafío al mundo masculino, a las costumbres y tradiciones de la sociedad medieval. Las beguinas fueron innovadoras, transgresoras y uno de los primeros movimiento de liberación de la mujer, una forma de buscar su propio camino
 (Imagen procedente de
http://eukleria.wordpress.com ) 

 
 
El círculo de represión sobre las beguinas se fue estrechando. Un año después, el papa Clemente V(1264-1314), el mismo que ordenaría la disolución de la Orden del Temple, convocaba el Concilio de Vienne en el que se analizaran los supuestos errores de las doctrinas seguidas por las beguinas y los begardos  y la sentencia no pudo ser más estricta "Por tal razón hemos decidido y decretado con  la aprobación del concilio prohibir definitivamente su forma de vida y excluirlos de la Iglesia de Dios" A partir de entonces comenzó la persecución de beguinas y begardos, y aunque en un primer momento, y ante la dificultad de disolverlos de forma inmediata, se permitió la existencia de aquellos grupos que siguieran la ortodoxia católica, durante los papados de Urbano V (1310-1370) y Gregorio XI (1336-1378), la persecución se intensificó, perjudicados además por la confusión entre ellos y otros movimientos heréticos de su tiempo. Muchas de sus propiedades fueron requisadas y las comunidades de beguinas y begardos serían juzgadas por herejía y excomulgados. Además su propio nombre, beguinas y begardos, era utilizado para designar a otros movimientos religiosos contrarios a la ortodoxia pero que nada tenían que ver con ellos. A pesar de todo y muy debilitados, las beguinas todavía encontraban refugio en el lugar que había sido su origen, los Países Bajos. En el siglo XVI se produce el triunfo de la reforma protestante en lo que hoy es Holanda, lo que significó el fin de los beguinatos en esta zona , quedando limitada su existencia a Bélgica y Francia. Allí sobrevivirían hasta el estallido de la Revolución Francesa en 1789 cuando sus propiedades serían confiscadas en 1795 y aunque a partir de 1814 las recuperaron, el movimiento de las beguinas había sufrido un golpe definitivo y jamás recuperaría su antiguo esplendor.
 
Las últimas comunidades de beguinas sobrevivieron pero fueron desapareciendo en un lento declive que culminó el pasado 14 de abril de este año 2013 con la muerte de la última beguina, Marcella Patty, que fue la superviviente del último de los beguinatos, el de la ciudad belga de Kortrijk. Con ella se apagaban ochocientos años de historia, de un movimiento religioso que ofreció a la mujer la posibilidad de ser libre, de ejercer una profesión , de decidir su destino y de sentirse útil a la sociedad. No podemos considerarlo un movimiento feminista, ya que ese concepto pertenece a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, estaba inspirado por la fe religiosa y por el deseo de ayudar a los demás pero demostró la capacidad de la mujer, tantas veces negada a lo largo de los siglos, para valerse por sí misma , para trabajar y prosperar por sí sola de la misma forma que lo hacía el hombre, sin necesidad de ser tutelada ni protegida. Algunas de aquellas mujeres se convirtieron en destacadas figuras intelectuales de su tiempo, como Matilde de Magdeburgo (1207-1282), autora de "Luz fluyente de la divinidad" en lengua alemana, o la poeta y  escritora mística Hadewijch de Amberes (vivió durante el siglo XIII) que al igual que otras beguinas no utilizó el latín para escribir sus obras , sino el neerlandés, convirtiéndose todas ellas en precursoras de la literatura de las que hasta entonces eran denominadas lenguas vulgares. Hoy se conservan en Bélgica y Países Bajos trece beguinatos considerados  Patrimonio de la Humanidad. No siempre tenemos la oportunidad de asistir a un acontecimiento histórico, y en este caso la desaparición de las beguinas es uno de ellos, aunque ,por fortuna, hoy la mujer ya no necesita refugiarse en estos lugares para vivir una existencia plena, aunque aún haya mucho camino por recorrer. Pero la desaparición de un pedazo de historia de la humanidad siempre deja un poso de melancolía y creo que la mejor forma de cerrar este artículo es con las palabras del deán de Korjtrik, la ciudad en la que murió la última beguina, "Es como si de repente hiciera más frío aquí en Kortrijk –dijo el deán Geert Morlion durante la misa–. Y fuera también, porque se conoce que Marcella Pattyn era la última beguina del mundo. Meditemos"
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