miércoles, 23 de enero de 2013

SOBRE LA VEJEZ Y EL PRECIO DE LA VIDA

 
Decía John Lennon que "la vida es eso que te pasa mientras tu estás haciendo otros planes" y hoy no tenía planeado escribir sobre la vejez , pero hay momentos que la actualidad y las palabras que llegan hasta ti a través de los medios de comunicación te obligan a tratar eso tan efímero que son las noticias de hoy pues ya conocemos esa frase que dice que no hay nada más antiguo que el periódico de ayer. Lo que esta mañana ocupa portadas y minutos en las tertulias de televisión mañana será sustituido por otro tema que hará olvidar lo que el día anterior fue noticia , uno de los grandes males de nuestra sociedad actual, donde el bombardeo  inmisericorde de todo tipo de noticias, importantes algunas, prescindibles una inmensa mayoría, impiden la reflexión sobre ellas y poder obtener un resultado de su conocimiento. ¿De qué sirve que hoy me escandalice por algo si mañana lo habré olvidado y es que como si nunca hubiera sido dicho o hecho? Es una de las paradojas de nuestro hiperinformado mundo de las redes sociales, cuando más acceso tenemos a las noticias menos las conocemos y más rápido nos olvidamos de ellas. Por eso quiero detenerme en unas palabras que se que en apenas unos días ya nadie reparara , pero que para mi es un síntoma muy preocupante de la sociedad que estamos construyendo.
 
Vamos a viajar ahora hasta  Japón, que  es una de las naciones más antiguas del mundo, pues según la leyenda  fue fundado en el año 660 a. C por el legendario emperador Jinmu. Tradicionalmente se ha establecido que la fecha de fundación de Japón fue el 11 de febrero de aquel año y hoy es celebrado anualmente como  Día de la Fundación Nacional. Apegados a sus tradiciones, a la figura del emperador, a la imagen idealizada de los samurais, a los antepasados , sorprende que sea en este país donde ahora uno de sus líderes políticos desprecie a sus ancianos , a los portadores de la memoria y las tradiciones, a los que siempre habían merecido respeto por atesorar la sabiduría que proporciona la experiencia. Japón tiene en nuestros días una población que se acerca a los 128 millones de habitantes  de los cuales alrededor de un 25% tiene más de sesenta años y las proyecciones de futuro elevan hasta el 40%  el porcentaje de japoneses que superen esa edad . Como es fácil imaginar, cuanto mayor es el número de habitantes de edad avanzada , también se elevan los gastos sanitarios que requieren sus cuidados, más aún cuando según estadísticas del año 2010 cuatro millones seiscientos mil  ancianos vivían solos y no tienen familia que se haga cargo de ellos, multiplicando el coste de su cuidado. A ello hay que añadir las ayudas sociales que reciben las familias que tienen a su cuidado a un anciano, que en Japón son más de 670.000 familias , el descenso de natalidad, que no supera el 1,3 hijos por pareja y el aumento de la esperanza de vida, que allí supera los 82 años.

Evolución de la esperanza de vida a nivel mundial, que es por supuesto una media de todas las naciones, porque en los países más ricos, Estados Unidos, la Unión Europea, Japón  la esperanza de vida es próxima o supera los ochenta años de edad, como sucede en España con 81 años de edad y Japón que supera los 83 años de edad , mientras que en los países más pobres esta esperanza desciende como en el caso de la República Centroafricana donde la esperanza de vida es de 47 años, una esperanza de vida que era la de un europeo hasta el comienzo del siglo XX. Desde entonces los avances de la medicina, la mejora de la alimentación  y la higiene han propiciado que en un siglo la población del planeta se incrementara casi en seis mil millones más, pero conservando las mismas estructuras sociales nacidas de la Revolución Industrial lo que explica los problemas que nuestras sociedades basadas en el capital y el consumo están teniendo para seguir funcionando , podríamos imaginarnos un traje muy antiguo que queremos seguir vistiendo después de treinta años y con treinta kilos más de peso. Ese traje ya no nos vale y creo ,desde mi punto de vista, que lo mismo sucede con nuestro sistema económico alrededor del cual organizamos nuestras vidas   (Imagen procedente de http://www.terra.org )
 
Es evidente que tanto en Japón como en otros muchos países del mundo desarrollado, desde la Unión Europea hasta los Estados Unidos , el envejecimiento de la población causado, con una mayor longevidad  y unido al descenso de la natalidad comienza a causar problemas para el mantenimiento de los sistemas de pensiones y la financiación de la sanidad. Miremos un momento al pasado, al año 1800 , cuando comienza la Revolución Industrial y la población mundial alcanza los mil millones de habitantes por primera vez en la historia y la media de la esperanza de vida en el planeta no superaba los cuarenta años de edad, excepto en los países más ricos, como los Países Bajos o Gran Bretaña donde era ligeramente superior. A lo largo del siglo XIX la esperanza de vida fue aumentando unida a los avances de la medicina, como la anestesia, utilizada por vez primera por el dentista norteamericano Horace Wells (1815-1848)  y los antisépticos inventados en 1865 por el cirujano británico Joseph Lister (1827-1912) que evitó la muerte de millones de personas debido a las infecciones contraídas en los propios hospitales por la falta de higiene al tratar las heridas . A comienzos del siglo XX la población mundial había alcanzado los mil seiscientos cincuenta millones de habitantes y la esperanza de vida se elevaba a nivel global sobrepasando los cincuenta años y en los países más ricos llegando a los sesenta y cinco años.
 
La Primera Guerra Mundial detiene brevemente este crecimiento en las dos magnitudes debido a la alta mortalidad  de la guerra tanto entre soldados como entre los civiles unido a los estragos de la llamada Gripe Española , una devastadora epidemia que entre 1918 y 1920 causó la muerte de entre cincuenta y cien millones de personas. Pero el descubrimiento por el científico escocés Alexander Fleming(1881-1955) de la penicilina en el año 1929 , el primer arma eficaz contra las bacterias, supondría una auténtica revolución en la sanidad, enfermedades mortales que hasta entonces eran letales por fin tenían remedio. Después de detenerse una vez más el crecimiento de la población y la esperanza de vida por la Segunda Guerra Mundial , a partir de 1945 la mejora del nivel de vida, los avances científicos en medicina y la mejor alimentación contribuye a que en 1950 la población mundial superase los dos mil quinientos millones de habitantes y cincuenta años después, al comienzo del siglo XXI, superare los seis mil millones que se convirtieron en siete mil millones en apenas una década más, mientras la esperanza de vida a nivel mundial alcanzaba los sesenta y siete años, aunque con grandes diferencias entre los países más ricos y los más pobres. En países como España la esperanza de vida supera de media los ochenta y un años de edad y en Japón se aproxima ya a los ochenta y tres años, es decir, más de cuarenta años con respecto al comienzo de la Revolución Industrial y más de veinte años si tomamos como referencia el inicio del Siglo XX

ENVEJECIMIENTO EN EUROPA Y EN JAPÓN

Os incluyo estos dos breves reportajes sobre el envejecimiento de las sociedades causado por el aumento de la esperanza de vida pero, más aún, por el descenso de los índices  natalidad en Europa y Japón. El cambio de la sociedad es obligado , pero no en el sentido que parece insinuar el ministro de Finanzas de Japón Taro Aso que menciono más adelante en el artículo. Los ancianos no son un problema, la longevidad  es una de las grandes conquistas de nuestro tiempo. El problema es un sistema basado en criterios económicos nacidos en el siglo XIX y que ya no es válido en nuestros días.



 
 
He hecho referencia a ello para entender que sí nos enfrentamos a un problema que hay que afrontar desarrollando un sistema de organización social diferente, que no se base en que el mantenimiento de las personas de más edad dependa de las más jóvenes, porque en el mundo futuro, en el de las próximas décadas, la proporción en los países más desarrollados se inclinará cada vez más a favor de la edad madura sobre la juventud, un desequilibrio provocado por el propio sistema ya que cada vez resulta más costoso para un matrimonio la educación y manutención de sus hijos, lo que les fuerza a reducir  su número que cada vez más queda limitado a uno, lo que no garantiza el relevo generacional. Este es sólo uno de los aspectos que muestran el agotamiento del sistema con el que hemos organizado nuestras sociedades durante los últimos dos siglos, aunque hay otros, como los graves problemas medioambientales y el cambio del clima que hemos provocado con nuestro sistema productivo y una economía basada en el consumo con una población creciente , agotando los recursos y destruyendo los habitats terrestres y marinos, quizás el mayor desafío al que ahora se enfrenta la humanidad. Si, hay que cambiar la manera en que organizamos nuestras sociedades pero parece que se prefiere mantener el sistema poniendo parches en vez de afrontar una forma diferente de vivir, donde no sea el dinero, la producción y la rentabilidad  lo que condicionan nuestras vidas.

Vivimos en un tiempo en el que todo se mide con criterios económicos, de rentabilidad , de beneficios, un tiempo miope donde no se mira a largo plazo sino los resultados que se puedan obtener mañana y si es posible hoy , y en este mundo donde sólo tiene valor la producción y el beneficio los ancianos son vistos por el sistema como una carga enojosa, un elemento improductivo que consume recursos. A lo largo de toda la historia de la humanidad el anciano era respetado por la experiencia acumulada a lo largo de su vida, sus consejos eran escuchados con atención y en muchos pueblos solo los ancianos podían ocupar el gobierno de la tribu, del pueblo o la ciudad . Como escribía Marco Tulio Ciceron en el siglo I a. C "El viejo no puede hacer lo que hace un joven; pero lo que hace es mejor.", aportaba su conocimiento , su prudencia , esas virtudes intangibles que no se pueden valorar en cifras, en balances ni en cuadros macroeconómicos, pero que son mucho más valiosas, porque cuando un anciano muere, muere con él no sólo un ser humano irrepetible, sino que además desaparecen con él  muchos años de vida, de conocimientos, de la historia de todos nosotros. Hace no mucho tiempo escribí en el Mentidero sobre el peligro de medir todo en términos económicos, porque eso nos puede llevar a pensar que hay vidas rentables y vidas que no lo son y al igual que una empresa despide a sus trabajadores cuando no obtiene el beneficio que espera, alguien podría llegar a pensar que lo mismo se debería hacer con aquellas personas que ya no generan beneficios económicos.

Para Thomas Robert Malthus el ritmo de crecimiento de la población, al no ser que intervengan elementos externos como guerras, pestes o catástrofes naturales, es siempre superior a la capacidad de producción de alimentos , por lo que a largo plazo la pobreza aumentaría  e incluso podría poner en peligro la propia existencia de la humanidad. Esta teoría, llamada Malthusianismo, sería desmentida por los adelantos en la producción de alimentos que ha crecido más rápido que la población , como podemos ver en los dos gráficos comparados, a la izquierda tal y como lo concebía Malthus, y a la derecha como es en la realidad. El problema que existe hoy no es la producción de alimentos sino la correcta distribución de los mismos. Creo que lo mismo se podría decir de aquellos que afirman que los ancianos son una carga muy pesada para el sistema económico , el problema nunca pueden ser las personas, sino los sistemas que hemos creado para organizarnos. Si un sistema se demuestra que es ineficaz lo que habrá que hacer es crear uno nuevo, pero parece que lo que ahora se está tratando es de culpabilizar a diferentes sectores de la sociedad, los inmigrantes, los desempleados, los ancianos . Son los nuevos seguidores de Malthus, que hace dos siglos proponía en su "Ensayo sobre el principio de la población" que era preciso la reducción de los pobres "En vez de recomendarles limpieza a los pobres - escribía -, hemos de aconsejarles lo contrario, haremos más estrechas las calles, meteremos más gente en las casas y trataremos de provocar la reaparición de alguna epidemia" (Imagen procedente de http://html,rincondelvago.com )   

El clérigo y padre de la demografía, el británico Thomas Robert Malthus(1766-1832) escribía en su "Ensayo sobre el principio de la población" publicado en 1798 ,palabras tan terribles como estas " El hombre que nace en un mundo ya ocupado no tiene derecho alguno a reclamar una parte cualquiera de alimentación y está de más en el mundo. En el gran banquete de la naturaleza no hay cubierto para él. La naturaleza le exige que se vaya, y no tardará en ejecutar ella misma tal orden" Malthus no se refería a los ancianos, sino a los pobres ,a los que no tenían recursos, que para él no eran más que una carga que había que eliminar para permitir la supervivencia de los mejor adaptados, que , como podéis suponer , eran las clases altas, la aristocracia. No se si estaría inspirado por el espíritu de Maltus cuando en esta misma semana en la que escribo el  Ministro de Finanzas y vicepresidente de Japón, Taro Aso (1940), que también es presidente del Partido Liberal Democrático de Japón y fue primer ministro de este país entre septiembre de 2008 y septiembre de 2009, dijera unas palabras que para mi aún son más terribles que las de Malthus porque son pronunciadas doscientos años después, en una sociedad democrática y en la tercera economía mundial, como es Japón. Refiriéndose a los ancianos hospitalizados y con enfermedades graves dijo Taro Aso "Yo me levantaría sintiéndome cada vez peor sabiendo que el tratamiento lo paga el Gobierno. El problema no será resuelto hasta que se den prisa y se mueran"

Si, habéis leído bien, "hasta que se den prisa y se mueran"  y añadió que "el Ministerio de Sanidad sabe bien que cuesta varios cientos de millones de yenes  cada mes tratar a un sólo paciente". En el diario español "El Mundo" se recordaban otras declaraciones suyas del 2008, año en el que fue primer ministro de la , insisto en ello ,tercera potencia económica del mundo, donde se preguntaba "¿Por qué tengo que pagar por las personas que sólo comen y beben y no hacen ningún esfuerzo?Yo camino todos los días y hago otras cosas, pero pago más impuestos" Estas palabras no tendrían tanta importancia sino fuera porque el que las ha pronunciado dirigió los destinos de un país de casi ciento treinta millones de personas durante un año y ahora es su vicepresidente. Aunque luego ha matizado esas palabras, que él ha calificado como "inapropiadas" refleja el pensamiento enfermo en que están envueltas nuestras sociedades , donde lo que no es rentable es apartado y marginado . Se que muchos consideraran una exageración preocuparse por estas palabras, que son sólo la declaración de un político propenso a los excesos verbales, pero me inquieta mucho oírlas porque cuando se habla de la vida de seres humanos en términos económicos , transformado a una persona única e irrepetible en un número, es fácil deshumanizarla, olvidar que se trata de una persona y verla sólo como si fuera un valor negativo en el balance de una empresa.

El ministro de Finanzas japonés Taro Aso, que con sus declaraciones pidiendo que los ancianos se den prisa en morir ha despertado la polémica. Lo que me pregunto es ¿Cuantos dirigentes pensarán así? Este señor ha sido primer ministro de Japón, no es un provocador de una tertulia televisiva que busca llamar la atención sino alguien con grandes responsabilidades y que ha tenido en sus manos un gran poder de decisión. El gobierno japonés planea un gran recorte en los gastos sociales,algo que también se está haciendo en Europa y Estados Unidos, siempre justificado con criterios económicos. Cuando escribo sobre esto recuerdo siempre una novela de ciencia ficción, "La Fuga de Logan", donde el gobierno controla la población eliminándola al alcanzar una determinada edad aunque se les engaña diciéndoles que es un premio. Incluso las ideas más terribles pueden hallar argumentos que las sostengan, por eso hay que permanecer alerta ante los Taro Aso que traten de poner en un plano de igualdad la vida de un ser humano y un presupuesto económico. Nada es comparable a la vida de una persona (Imagen procedente de http://www.guardian.co.uk )


Gracias al esfuerzo sumado de las mentes de grandes hombres hoy vivimos más tiempo y en mejores condiciones que en ninguna otra época de la historia y no debería ser visto como una carga pesada para las sociedades , sino como un tesoro inmenso. Pero para aquel que sólo entiende el mundo en términos económicos, ¿qué valor tiene un verso?¿de qué sirve la belleza de un amanecer?¿qué coste tiene la experiencia de un anciano?¿cual es el precio de la vida humana? El gran director de cine sueco Ingmar Bergman definía la vejez "como escalar una gran montaña; mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena" pero esas palabras no deben tener sentido alguno para el ministro Taro Aso y para otros que piensan como él y que al igual que no les tiembla el pulso para despedir a miles de personas de sus empresas para incrementar los beneficios, tal vez tampoco lo hagan para desembarazarse de los que ya no son productivos según su criterio.Hace un siglo y medio nos lo advertía el que fuera presidente de los Estados Unidos, Abraham Lincoln "De aquel que opina que el dinero puede hacerlo todo, cabe sospechar con fundamento que será capaz de hacer cualquier cosa por dinero" Creo que vivimos tiempos en los que parece que el dinero lo justifica todo y por eso hay que mantenerse alerta y no dejar que palabras como las de Taro Aso sean tomadas a la ligera, como en su día se hizo con las declaraciones antisemitas de los nazis. Sólo hay un bien que merece la pena conservarse, la vida del ser humano, de todos y cada uno de nosotros, niños, adultos y ancianos , todos irrepetibles, todos únicos, todos un milagro de la naturaleza. No lo olvidemos nunca porque me temo que habrá más Taro Aso en el futuro.
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